
Por Luis Ramón López
MOCA, Espaillat.-La mentira tiene muchas caras. Está la mentira cotidiana, aquella que se utiliza para salir de un compromiso; está el llamado mentiroso sociable, que convierte la exageración y la falsedad en una forma habitual de relacionarse; y está el mentiroso político, quizás el más peligroso cuando utiliza el poder, los recursos institucionales y los discursos públicos para intentar cambiar la percepción de los hechos.
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