Cuando la versión oficial choca con lo que Moca vio en el Zoológico Botánico con el ecocidio ambiental

Por Luis Ramón López

MOCA, Espaillat.-La mentira tiene muchas caras. Está la mentira cotidiana, aquella que se utiliza para salir de un compromiso; está el llamado mentiroso sociable, que convierte la exageración y la falsedad en una forma habitual de relacionarse; y está el mentiroso político, quizás el más peligroso cuando utiliza el poder, los recursos institucionales y los discursos públicos para intentar cambiar la percepción de los hechos.

No hablamos aquí de la mentira únicamente en su significado literal. Hablamos de una conducta que, con el paso del tiempo, puede terminar formando parte de determinadas prácticas sociales: decir lo que conviene, ocultar lo que incomoda y presentar una versión distinta de aquello que la gente ha visto con sus propios ojos.

Y precisamente esta figura del mentiroso vuelve al debate público de Moca, a propósito de la controversia generada alrededor de lo ocurrido en los terrenos del antiguo Zoológico Botánico Municipal, donde se construye el denominado Parque Lineal Zoobotánico.

Cuando la explicación intenta cambiar la memoria colectiva

Durante un encuentro en el que se abordó la situación del proyecto, el ingeniero Miguel Ángel Fernández, funcionario del Ayuntamiento de Moca, presentó fotografías de troncos y restos vegetales que, según su explicación, estarían relacionados con la crecida de la cañada El Caimito.

La exposición pretendía contradecir, según fue planteado, las versiones que han circulado sobre la destrucción de árboles y vegetación existente en los terrenos donde se desarrolla el proyecto.

Pero aquí aparece una pregunta elemental: ¿Puede una fotografía de troncos viejos explicar por sí sola lo que ocurrió con el bosque que existía en el lugar?

Esa es la interrogante que queda flotando. Porque una cosa es mostrar troncos arrastrados por el agua y otra muy diferente es explicar qué sucedió con la vegetación que se encontraba en los terrenos antes del inicio de los trabajos.

Sectores de Moca, sostienen que fueron testigos de la intervención del área y de la tala de árboles durante el proceso inicial de construcción. La denuncia que ha generado mayor indignación es que árboles que formaban parte de la cobertura vegetal del antiguo zoológico fueron derribados y retirados del lugar, en una operación que, según los testimonios divulgados, incluyó camiones y equipos de corte.

Si eso ocurrió, la discusión no puede resolverse mostrando fotografías de troncos viejos.

El problema de las fotografias

Hay otro elemento que merece una explicación. Si las fotografías mostradas durante la exposición corresponden a imágenes tomadas antes de los hechos cuestionados, entonces su utilización para demostrar lo ocurrido posteriormente puede conducir a una interpretación equivocada.

Una fotografía tiene una fecha, un contexto y una historia.

No basta con colocarla delante de una audiencia. Hay que explicar cuándo fue tomada, dónde, quién la tomó y qué pretende demostrar. Porque una imagen de troncos antiguos no demuestra necesariamente que esos sean los árboles derribados durante una intervención reciente.

Y mucho menos puede utilizarse para borrar de la memoria de una comunidad aquello que sus habitantes aseguran haber presenciado.

Moca vio lo que ocurrió

El antiguo Zoológico Botánico de Moca, no es un terreno desconocido para los mocanos. Es un espacio con historia. Fue impulsado por el recordado munícipe y exalcalde don Rubén Lulo Gitte, quien dedicó esfuerzos a convertir aquel lugar en un patrimonio ambiental y recreativo del municipio.

Por eso, cualquier intervención que implique la desaparición de árboles, áreas verdes o especies vegetales debería ser explicada con absoluta transparencia. No se trata de oponerse al desarrollo del Parque Lineal Zoobotánico.

Todo lo contrario.

Moca necesita obras. Necesita espacios recreativos, ambientales y de integración familiar. Pero una obra que pretende llamarse zoobotánica y que aspira a convertirse en un referente ambiental no puede comenzar su historia bajo la sospecha de haber producido un daño ambiental que todavía no ha sido suficientemente explicado.

El mentiroso politico

Aquí entra nuevamente el personaje del que hablábamos al principio. El mentiroso común puede engañar a una persona. El mentiroso sociable puede convertir la mentira en una costumbre. Pero el mentiroso político intenta algo mucho más ambicioso: construir una realidad paralela mediante el discurso público.

Su mayor instrumento no siempre es la mentira directa. A veces es la tergiversación. Selecciona una fotografía, un documento, una estadística o una parte de la historia y la presenta como si fuera toda la verdad. Y cuando alguien cuestiona su versión, responde con otra explicación.

Así se va construyendo una cadena de argumentos destinados no necesariamente a demostrar lo ocurrido, sino a convencer a la gente de que lo que vio no ocurrió como lo recuerda.

En el caso del Parque Lineal Zoobotánico de Moca, la discusión debería abandonar las descalificaciones y concentrarse en los hechos. ¿Cuántos árboles existían en el área antes de comenzar los trabajos? ¿Cuántos fueron derribados? ¿Existía una autorización ambiental para su eliminación?¿Quién autorizó el corte? ¿Dónde están los árboles retirados?¿Existe un inventario forestal del terreno? ¿Hay fotografías fechadas antes, durante y después de la intervención?

También ¿Quién tomó esas fotografías? ¿En qué fecha? ¿Quién contrató los equipos utilizados? Son preguntas sencillas. Y si todo fue realizado conforme a las normas, las respuestas deberían estar disponibles. No se puede engañar a toda una comunidad.

Moca, tiene memoria

Sus ciudadanos observan, comentan, fotografían y recuerdan. Por eso, cuando una explicación oficial no coincide con lo que numerosos ciudadanos aseguran haber visto, el camino correcto no es intentar desacreditar a quienes cuestionan.

El camino correcto es abrir los documentos, mostrar las evidencias y permitir que la sociedad saque sus propias conclusiones. Porque en una democracia la verdad no pertenece a un funcionario, a un alcalde, a un partido político ni a un grupo determinado.

La verdad pertenece a los hechos.

Y si en el antiguo Zoológico Botánico ocurrió un ecocidio ambiental, como han denunciado sectores de la sociedad mocana, debe determinarse quiénes fueron responsables y bajo qué circunstancias ocurrió. Pero si la denuncia es incorrecta, también corresponde demostrarlo con pruebas.

Lo que no parece razonable es pretender que una fotografía de troncos viejos sea suficiente para cerrar una discusión que apenas comienza.

Moca no necesita versiones acomodadas. Necesita la verdad.

Y frente a cualquier intento de convertir la mentira en verdad, siempre habrá una pregunta incómoda:¿Qué ocurrió realmente en el antiguo Zoológico Botánico de Moca?, la verdad acomodada a caprichos de otros, o la verdad que el pueblo conoce y vio.

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