Por Rhadamés Mercedes
OPINIÓN.-La democracia no puede reducirse al ejercicio periódico del voto. Es, sobre todo, un sistema de convivencia basado en la libertad, la dignidad humana, la participación ciudadana, el respeto a las instituciones y la garantía de los derechos fundamentales.
Por eso, defender la democracia,, implica también defender los derechos humanos. Allí donde los ciudadanos no pueden expresarse libremente, participar en los asuntos públicos, recibir un trato digno ante las autoridades o reclamar sus derechos, la democracia pierde parte esencial de su contenido.
Una sociedad democrática necesita instituciones capaces de garantizar que todas las personas, independientemente de su condición económica, social o política, sean protegidas por la ley.
Derechos humanos: la esencia de la democracia
Los derechos humanos, constituyen un conjunto de garantías fundamentales inherentes a toda persona. Entre ellos se encuentran el derecho a la vida, la libertad, la igualdad, la integridad personal, la libertad de expresión, la libertad de conciencia y religión, el acceso a la justicia y otros derechos económicos, sociales y culturales.
Estos derechos no deberían depender de simpatías políticas ni de posiciones ideológicas. Son garantías que corresponden a todas las personas. La democracia adquiere verdadero sentido cuando el ciudadano puede vivir con dignidad, expresar sus ideas sin temor, organizarse, reclamar ante las autoridades y encontrar respuestas dentro de un sistema institucional que funcione.
Sin seguridad ciudadana tampoco existe democracia plena
La seguridad ciudadana constituye otro componente fundamental de la convivencia democrática. Una persona que tiene miedo de salir de su vivienda, transitar por las calles, utilizar el transporte público o desarrollar sus actividades económicas vive una limitación concreta de su libertad.
Pero la seguridad debe estar acompañada de respeto a los derechos humanos. El Estado tiene la responsabilidad de proteger a la población frente a la delincuencia y la violencia, pero las actuaciones de las autoridades también deben desarrollarse dentro de la Constitución y las leyes.
Seguridad y derechos humanos no deben presentarse como conceptos enfrentados. La ciudadanía necesita ambas cosas: protección frente al delito y garantías frente a cualquier actuación arbitraria del poder.
El desafío de conservar la democracia
La democracia no es una conquista que pueda darse por garantizada para siempre. Requiere vigilancia ciudadana, instituciones sólidas, participación responsable y respeto a las reglas del Estado de derecho.
Conservar la democracia significa defender la separación de poderes, la independencia de la justicia, la libertad de prensa, la transparencia, la rendición de cuentas y el derecho de los ciudadanos a cuestionar las decisiones de quienes ejercen funciones públicas.
También significa aceptar que en una sociedad democrática pueden coexistir opiniones diferentes. La democracia no consiste en que todos pensemos igual; consiste en que podamos pensar diferente y convivir bajo reglas comunes.
Libertad de expresión y prensa
La libertad de expresión ocupa un lugar central en cualquier democracia. Los periodistas y los medios de comunicación tienen una responsabilidad especial en la construcción de una sociedad informada.
Una prensa libre puede investigar, preguntar, cuestionar y denunciar situaciones de interés público. Esa función puede resultar incómoda para quienes ejercen el poder, pero constituye una parte necesaria del debate democrático.
Al mismo tiempo, el ejercicio de la libertad de expresión debe estar acompañado de responsabilidad profesional, respeto a la dignidad de las personas y compromiso con la verdad. Una sociedad democrática necesita periodismo libre, plural, responsable e independiente.
Democracia también significa oportunidades
La democracia no se sostiene únicamente mediante instituciones políticas. También necesita condiciones sociales que permitan a las personas desarrollar una vida digna.
Educación, salud, vivienda, empleo, acceso a la justicia, servicios públicos eficientes y oportunidades económicas forman parte de las condiciones que permiten que la ciudadanía pueda ejercer realmente sus derechos.
De poco sirve reconocer formalmente la igualdad ante la ley si determinados sectores de la población permanecen permanentemente excluidos de las oportunidades de desarrollo. Por eso, hablar de derechos humanos también implica hablar de desarrollo humano y justicia social.
El ciudadano como protagonista
La defensa de la democracia no corresponde exclusivamente a los gobiernos, los partidos políticos o las instituciones del Estado. También es responsabilidad de la ciudadanía.
Participar, informarse, exigir transparencia, respetar las diferencias, denunciar abusos y utilizar los mecanismos institucionales disponibles son formas concretas de fortalecer la democracia. La ciudadanía tampoco debe renunciar a su capacidad crítica. Una sociedad democrática necesita ciudadanos capaces de preguntar, fiscalizar y exigir respuestas.
Un compromiso permanente
República Dominicana, como cualquier sociedad democrática, enfrenta desafíos relacionados con la seguridad ciudadana, la desigualdad, la corrupción, la institucionalidad, la calidad de los servicios públicos y la protección efectiva de los derechos fundamentales.
Estos problemas no se resuelven debilitando la democracia, sino fortaleciendo sus instituciones y haciendo que los derechos reconocidos tengan una aplicación real. La democracia debe ser defendida precisamente porque constituye uno de los principales instrumentos para garantizar la libertad, la dignidad y la participación de las personas.
Sin derechos humanos, la democracia queda incompleta. Sin instituciones democráticas, los derechos quedan más expuestos. Y sin seguridad ciudadana, la libertad cotidiana se vuelve frágil.
El verdadero desafío consiste, por tanto, en construir una sociedad donde democracia, derechos humanos, seguridad, justicia y desarrollo puedan avanzar juntos, bajo el principio fundamental de que el poder público existe para servir a la ciudadanía y garantizar el respeto de su dignidad.
