Desde una ventana de la 16 de Agosto, Ritica Ventura veía pasar la vida

Puede ser una imagen de una o varias personas

Por Luis Ramón López

MOCA, Espaillat.-Hay personajes que no aparecen en los libros de historia, pero que terminan formando parte de la historia de los pueblos. No ocuparon cargos públicos, no tuvieron grandes fortunas ni aparecieron en los periódicos, pero dejaron una huella tan profunda que, décadas después de su muerte, todavía alguien pregunta por ellos.

Ritica Ventura, fue uno de esos personajes, de la vieja Moca, muchos la conocían como “La Bruja”, un sobrenombre que, lejos de representar necesariamente lo que ella era, terminó convirtiéndose en una especie de marca popular que la identificaba en el vecindario.

Vivía sola. Nunca se casó y residía en una vivienda ubicada en la calle 16 de Agosto, entre las calles José Dolores Alfonseca y Antonio de la Maza, en pleno casco urbano de Moca.

Pero vivir sola no significaba estar aislada.Todo lo contrario. Ritica, era una mujer profundamente vinculada a su comunidad. Desde temprano en la mañana solía colocarse cerca de una ventana de su casa para observar el movimiento de la calle y saludar con afecto a quienes pasaban frente a su vivienda.

Tenía una voz fuerte, inconfundible, de esas que no necesitaban amplificación para hacerse escuchar varias casas más allá. Quienes crecieron en aquella zona recuerdan sus saludos, sus comentarios y aquella manera particular de estar pendiente de todo cuanto ocurría en el vecindario.

Una mujer que sabía de política

En su casa había otro detalle que llamaba poderosamente la atención. En las paredes de la sala colgaban fotografías grandes, en blanco y negro, de importantes figuras políticas de otras épocas. Era una verdadera galería de la política dominicana.

Entre aquellas imágenes estaba la de Wenceslao Figuereo Cassó, “Mano Lao”, personaje histórico de la política dominicana, cuya fotografía Riquica mostraba con particular orgullo. Cuando uno, siendo muchacho, visitaba su casa, era casi obligatorio preguntarle por aquellos personajes.

Y ella sabía responder. Ritica, conocía mucho de la política de aquellos tiempos, especialmente de la vieja confrontación entre “rabuses” y “coludos”, como popularmente se identificaba a sectores políticos de épocas pasadas.

Hablar de política con ella era entrar en una conversación en la que no faltaban nombres, acontecimientos, recuerdos y opiniones. Y cuidado con contradecirla. Porque aquella mujer podía ser muy educada y afectuosa, pero también tenía una característica que la hacía inconfundible: no le tenía miedo a nadie.

El “avispero” del barrio

Ritica, podía ser una persona cariñosa, pero también era, como decían algunos vecinos, “el avispero del barrio”. No se quedaba callada. Si alguien hacía algo que ella consideraba incorrecto, se lo decía en la cara. Sin rodeos. Sin diplomacia.

Y, cuando era necesario, acompañaba sus verdades con más de un “coño”, expresión que formaba parte de su particular manera de hablar. Por eso algunos la temían, otros la admiraban y muchos simplemente disfrutaban de sus ocurrencias.

Pero, sobre todo, era querida. Detrás de aquella mujer de carácter fuerte había una vecina solidaria, conversadora y pendiente de lo que ocurría a su alrededor. Su casa era parte del paisaje cotidiano del barrio y ella misma terminó convirtiéndose en una referencia para varias generaciones.

La memoria de una Moca que ya no existe

Ritica Ventura, falleció hace varias décadas. Con ella desapareció una mujer, pero quedó un personaje. Quedó la imagen de aquella señora que desde su ventana veía pasar la vida de Moca. Quedaron las fotografías en blanco y negro. Quedaron las conversaciones sobre política. Quedaron sus saludos. Quedaron sus reprimendas. Y quedó aquel sobrenombre que muchos todavía recuerdan: “La Bruja”.

Pero quienes realmente la conocieron saben que detrás de ese apodo había mucho más que una mujer de carácter fuerte. Había una mocana que amaba su barrio, conocía su historia y defendía sus verdades a su manera.

Hoy, cuando las calles han cambiado, cuando muchas casas de aquella época han desaparecido y cuando los vecinos ya no se conocen como antes, recordar a Ritica Ventura es también recordar una Moca distinta.

Una Moca, de puertas abiertas, de vecinos que se conocían por sus nombres, de personajes populares que formaban parte de la vida cotidiana y de historias que pasaban de una generación a otra sin necesidad de estar escritas.

Ritica, se fue hace muchos años. Pero para quienes la conocieron, todavía parece estar allí, en aquella ventana de la calle 16 de Agosto, mirando pasar a la gente y lista para saludar… o para cantarle sus tres “coño” a quien se lo mereciera.

Así era Ritica Ventura.
Así era “La Bruja”.
Y así también era la vieja Moca.

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