Comunidades olvidadas ponen a prueba la meta de Hambre Cero en RD

Abinader resalta impacto de programas sociales tras reconocimiento de la  FAO por lograr la meta Hambre Cero | RNN Red Nacional De Noticias

Por Luis Ramón López

MOCA, Espaillat.-¿Puede hablarse de “Hambre Cero” en la República Dominicana, mientras todavía existen comunidades donde familias viven con grandes carencias, sin servicios básicos adecuados, con dificultades para acceder a una alimentación suficiente y con infraestructuras que parecen olvidadas por el Estado?

La pregunta merece ser formulada, no para desconocer los avances alcanzados por el país, sino para evitar que una cifra nacional termine ocultando las realidades particulares de los territorios más vulnerables.

Las estadísticas oficiales y los organismos internacionales muestran una mejoría importante. La FAO informó recientemente que la República Dominicana logró colocar la prevalencia de la subalimentación por debajo del umbral internacional del 2.5 %, condición que permite situar al país fuera del mapa del hambre bajo esa metodología.

Pero estar fuera del mapa estadístico del hambre no significa necesariamente que cada familia dominicana tenga garantizada una alimentación digna, suficiente y nutritiva todos los días. Cerca de 4.7 millones de personas reportan dificultades intermitentes de acceso a los alimentos.

Ahí está el verdadero debate.

Una cifra nacional frente a realidades territoriales

La pobreza tampoco ha desaparecido. De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística (ONE), la pobreza monetaria general se situó en 17.3 % en 2025, mientras la pobreza extrema fue de 2.2 %. Aunque representa una reducción respecto al año anterior, significa que todavía cientos de miles de personas enfrentan condiciones económicas difíciles.

Y la pobreza no se distribuye de manera uniforme.

Existen comunidades rurales y zonas apartadas donde el acceso al agua potable, caminos, electricidad, centros de salud, escuelas, transporte y empleos dignos continúa siendo una preocupación. La propia FAO reconoce que los hogares de bajos ingresos y las comunidades rurales pueden ser especialmente vulnerables ante el aumento del costo de los alimentos y las dificultades para acceder a dietas saludables.

Por eso, la discusión sobre el hambre no puede limitarse a preguntar cuántas personas pasan hambre, sino también qué comen, cuánto les cuesta alimentarse, dónde viven y cuáles oportunidades tienen para salir de la pobreza.

Hambre no es solamente ausencia de comida

Una familia puede tener algo que comer y, sin embargo, encontrarse en inseguridad alimentaria. No es lo mismo disponer de arroz, habichuelas y algún alimento ocasional que poder garantizar una dieta suficiente, variada y nutritiva durante todo el año.

La FAO, ha advertido que la inflación de los alimentos afecta particularmente el poder adquisitivo de los hogares de menores ingresos y puede dificultar el acceso a dietas saludables.

En consecuencia, Hambre Cero debe significar mucho más que evitar que una persona muera literalmente de hambre. Debe significar alimentación adecuada, nutrición, acceso al agua, salud, educación, empleo y condiciones mínimas para que una familia pueda vivir con dignidad.

¿Hemos retrocedido?

Decir que República Dominicana, ha retrocedido hasta colocarse en una situación comparable con Haití o con los países más pobres de África, sería una afirmación que no se corresponde con los indicadores nacionales e internacionales disponibles.

Los datos muestran avances importantes en reducción de la pobreza y la subalimentación. La República Dominicana presenta indicadores alimentarios muy diferentes de los de Haití, donde la FAO, reportó en 2025 una situación de privación grave de alimentos que afectaba al 54.2 % de la población.

Sin embargo, reconocer esa diferencia no obliga a cerrar los ojos ante las desigualdades dominicanas. El peligro está precisamente en comparar solamente promedios nacionales. Una nación puede exhibir crecimiento económico, inversión extranjera, turismo, grandes construcciones y reducción de la pobreza promedio, mientras determinadas comunidades permanecen rezagadas.

El otro rostro del país

Hay una República Dominicana, de grandes avenidas, edificios modernos, zonas turísticas, centros comerciales y proyectos inmobiliarios. Pero existe también otra República Dominicana; la de comunidades rurales apartadas, caminos deteriorados, viviendas precarias, jóvenes sin oportunidades, familias que dependen de ayudas sociales y productores que tienen dificultades para colocar sus cosechas.

Esa realidad no siempre aparece en las ceremonias oficiales ni en los grandes anuncios. Y es precisamente allí donde debe medirse el verdadero alcance de la política de Hambre Cero.

El Gobierno ha desarrollado programas importantes, entre ellos el Programa de Alimentación Escolar. El INABIE, informó que durante 2025 distribuyó más de 1,000 millones de raciones alimenticias y que sus programas beneficiaron a más de 2.1 millones de personas.

Son esfuerzos que deben reconocerse. Pero una política permanente contra el hambre no puede descansar exclusivamente en transferencias y asistencia. Tiene que crear las condiciones para que las familias puedan producir, trabajar, generar ingresos y alcanzar autonomía económica.

La verdadera prueba está en los territorios

La meta de Hambre Cero, debe pasar de las estadísticas nacionales a una estrategia territorial. Hay que identificar las comunidades donde la pobreza es más profunda, determinar cuáles carecen de agua potable, caminos, electricidad, escuelas, centros de salud y oportunidades productivas, y dirigir hacia ellas una inversión pública diferenciada.

La FAO, coloca precisamente entre sus prioridades para República Dominicana la seguridad alimentaria y nutricional, la dinamización económica productiva de los territorios y la resiliencia ambiental.

Ese enfoque resulta fundamental. Porque no se combate el hambre solamente llevando alimentos; se combate también creando las condiciones para que la gente pueda producirlos o comprarlos con ingresos dignos.

¿Hambre Cero o estadísticas en cero?

La República Dominicana, tiene razones para celebrar los avances alcanzados. La reducción de la subalimentación constituye un logro significativo y no debe minimizarse. Pero tampoco debe utilizarse como argumento para afirmar que el problema está completamente resuelto.

La pregunta que debe hacerse el país es otra, ¿Puede hablarse de Hambre Cero, cuando todavía existen dominicanos que no pueden garantizar una alimentación adecuada todos los días?. Si la respuesta es sí porque así lo establece un indicador internacional, entonces se habrá ganado una batalla estadística.

Pero si la respuesta se construye mirando al ciudadano que vive en una comunidad olvidada, al agricultor sin caminos, a la familia que no tiene agua potable o al trabajador cuyo salario apenas alcanza para comprar los alimentos básicos, entonces el desafío continúa.

Las comunidades rurales y vulnerables de la República Dominicana, ponen a prueba la certificación oficial de «Hambre Cero», otorgada por la FAO en julio de 2026, ya que esta categoría estadística contrasta con el 41.3 % de la población que aún padece inseguridad alimentaria moderada o grave.

El verdadero Hambre Cero, no debe medirse solamente por cuántas personas dejaron de aparecer en una estadística, sino por cuántas familias dominicanas lograron alcanzar una vida digna, estable y sostenible.

Ahí estará la verdadera prueba. El tiempo, los territorios y la realidad cotidiana de los dominicanos serán los mejores jueces de si el país alcanzó realmente el Hambre Cero o si todavía queda una parte de la nación esperando que esa promesa llegue hasta sus comunidades. Este es el gran detalle.

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