Por Carlos A. Guzmán F.
OPINIÓN.-Dios no solo observa nuestras grandes hazañas. También presta atención a esos pequeños actos que parecen insignificantes; una palabra amable, un momento de paciencia, una oración sincera, un esfuerzo por controlar el enojo o una simple gracias dicha desde el corazón.
Vivimos esperando milagros espectaculares, pero olvidamos que las transformaciones más profundas comienzan con pasos pequeños y constantes. Así como un edificio se levanta ladrillo por ladrillo, una vida plena se construye decisión tras decisión.
La verdadera felicidad, nace cuando dejamos de preguntarnos por qué nos ocurren ciertas cosas y empezamos a preguntarnos. ¿qué quiere enseñarme Dios a través de esta situación?
Ese cambio de perspectiva transforma la queja en crecimiento y el miedo en confianza.
No debemos olvidar de dónde vienen nuestras bendiciones. Cuando todo marcha bien es fácil pensar que el éxito es solo fruto de nuestra capacidad. Sin embargo, Dios nos invita a cultivar la gratitud, porque ella abre la puerta a nuevas bendiciones.
Quizá hoy no necesitamos cambiar toda la vida. Tal vez solo necesitamos dar el siguiente paso correcto. Una buena acción más. Una oración más. Un acto más de fe.
Porque, al final, son esos pasos silenciosos, los que nadie ve, los que terminan llevándonos a los lugares más altos. Por eso, siempre debemos recordar que Dios, camina con quienes siguen avanzando, incluso cuando los pasos parecen pequeños.