

Por Luis Ramón López
MOCA, Espaillat.-El derecho penal que hoy se enseña en las universidades y se aplica en los tribunales de gran parte de América Latina, incluyendo los de la República Dominicana, es muy distinto al que predominó durante los siglos XIX y XX.
Lo que durante décadas estuvo influenciado por el positivismo jurídico francés ha sido gradualmente sustituido por una visión más compleja y sistemática proveniente de la escuela alemana, fenómeno que ha revolucionado la interpretación del delito, la responsabilidad penal y las garantías fundamentales de los ciudadanos.
Esta transformación doctrinal no constituye simplemente un cambio académico. Se trata de una nueva manera de concebir la justicia penal, el papel del juez y los límites del poder punitivo del Estado.
El predominio de la tradición francesa
La República Dominicana, al igual que muchos países latinoamericanos, heredó una fuerte influencia del derecho francés a través de los códigos napoleónicos.
El modelo positivista clásico descansaba sobre una idea fundamental: la ley era la principal fuente del derecho y el juez debía limitarse a aplicarla estrictamente. Bajo esta concepción, el análisis jurídico se centraba en determinar si la conducta realizada por una persona coincidía con la descripción contenida en la norma penal.
La seguridad jurídica era el valor predominante. El principio de legalidad garantizaba que nadie pudiera ser perseguido ni condenado por hechos no previstos previamente por la ley.
Sin embargo, con el desarrollo de las sociedades modernas comenzaron a surgir situaciones que la simple aplicación literal de la norma no lograba resolver satisfactoriamente.
El paso del “positivismo francés” a la “dogmática alemana” no es un mero cambio de estilo: es un cambio de método de interpretación del derecho penal, que afecta cómo se entiende el delito, la responsabilidad y el proceso.
A grandes rasgos, el modelo francés clásico se asocia con un derecho penal más codificado y formalista, mientras que la tradición alemana aporta una construcción más sistemática y analítica de las categorías penales.
El surgimiento de la dogmática penal alemana
Durante el siglo XX, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, la doctrina penal alemana desarrolló una estructura científica más elaborada para analizar los delitos.
Juristas como Hans Welzel, Claus Roxin y Günther Jakobs, construyeron sistemas teóricos que permitieron estudiar con mayor profundidad la conducta humana y la responsabilidad penal. Hans Welzel, fue un jurista y filósofo del derecho alemán, uno de los principales formuladores de la teoría finalista de la acción en el derecho penal.
Claus Roxin, jurista alemán, fue uno de los penalistas más influyentes del derecho penal moderno y una figura central del funcionalismo penal, al cual se le atribuye la renovación de la teoría del delito desde una perspectiva funcionalista y Gunther Jakobs, jurista alemán conocido como uno de los grandes representantes del funcionalismo normativista en derecho penal.
La pregunta dejó de ser únicamente: «¿La conducta está prohibida por la ley?». Ahora también se examina: ¿Quién creó el riesgo?, ¿Ese riesgo era jurídicamente relevante?, ¿El resultado puede atribuirse objetivamente al autor?, ¿Existían causas que justificaran la conducta?, ¿Puede reprocharse jurídicamente esa actuación?. De esta manera nació lo que hoy se conoce como la moderna teoría del delito.
La nueva estructura del delito
La dogmática alemana construyó una metodología de análisis basada en categorías jurídicas ordenadas, partiendo de la tipicidad, la antijuricidad y la culpabilidad.
La tipicidad, es el primer filtro del análisis penal, que consiste en verificar si la conducta encaja en la descripción legal del delito. Por ejemplo, si una persona toma un bien ajeno sin autorización, la conducta podría encajar dentro del tipo penal de robo o hurto.
La antijuridicidad, en esta no basta con que una conducta sea típica. Debe determinarse además si resulta contraria al derecho. Una persona que lesiona a otra actuando en legítima defensa realiza una conducta típica, pero no antijurídica, porque el ordenamiento jurídico autoriza su actuación.
La culpabilidad, es donde finalmente, se analiza si el autor puede ser personalmente responsabilizado por el hecho. Aquí se estudian aspectos como la imputabilidad, el conocimiento de la ilicitud, la posibilidad de actuar de otra manera y los errores de hecho y de derecho. Sólo cuando concurren estos elementos puede hablarse de responsabilidad penal plena.
La constitucionalización del derecho penal
Otro aspecto fundamental de esta transformación es la creciente influencia de la Constitución y los derechos fundamentales. Antes, la interpretación penal giraba casi exclusivamente alrededor del Código Penal.
Hoy los jueces deben interpretar las normas tomando en consideración, la Constitución, los tratados internacionales sobre derechos humanos, la jurisprudencia constitucional y los principios de proporcionalidad y razonabilidad. Esto ha dado origen a un derecho penal más garantista y más respetuoso de la dignidad humana.
La teoría de la imputación objetiva
Uno de los aportes más importantes de la dogmática alemana es la teoría de la imputación objetiva. Esta doctrina busca determinar cuándo un resultado puede atribuirse jurídicamente a una persona. No todo daño producido por una acción genera responsabilidad penal.
Es necesario demostrar que el autor creó un riesgo jurídicamente desaprobado y que ese riesgo fue precisamente el que produjo el resultado lesivo. Esta teoría ha permitido resolver casos complejos que antes resultaban difíciles de explicar mediante las categorías tradicionales.
La influencia en República Dominicana
La doctrina alemana ha penetrado progresivamente en la enseñanza universitaria, la jurisprudencia y la práctica judicial dominicana.
Las decisiones de tribunales superiores incorporan cada vez con mayor frecuencia conceptos como, la tipicidad objetiva y subjetiva, el dolo eventual, el error de prohibición, la posición de garante, la autoría mediata, el dominio del hecho y la imputación objetiva.
Este fenómeno refleja una evolución doctrinal que busca fortalecer la calidad argumentativa de las decisiones judiciales.
Ventajas del nuevo modelo
Los defensores de la dogmática alemana consideran que ofrece importantes beneficios, tales como una mayor protección de los derechos fundamentales, decisiones judiciales más racionales, mejor delimitación de la responsabilidad penal, una mayor coherencia en la interpretación de la ley y una limitación del poder punitivo estatal. Asimismo, permite analizar situaciones complejas que el viejo positivismo no podía resolver adecuadamente.
Las críticas
No obstante, el nuevo modelo también recibe cuestionamientos. Algunos juristas sostienen que la excesiva tecnificación de la dogmática penal puede alejar la justicia de la comprensión ciudadana.
Otros consideran que ciertas teorías resultan demasiado abstractas y dificultan la aplicación práctica del derecho.
Incluso existen sectores que defienden la necesidad de equilibrar la rigurosidad científica con soluciones más sencillas y accesibles para la sociedad.
Un cambio de paradigma
La transición del positivismo francés hacia la dogmática alemana representa uno de los cambios más profundos experimentados por el derecho penal contemporáneo.
Ya no se trata únicamente de verificar si una conducta viola una norma legal. Ahora el análisis exige estudiar principios constitucionales, derechos fundamentales, estructuras dogmáticas y criterios de imputación que permitan determinar cuándo una persona puede ser legítimamente responsabilizada por un hecho delictivo.
El nuevo derecho penal ha dejado atrás la visión estrictamente legalista heredada de la tradición francesa para adoptar una metodología más compleja, científica y garantista inspirada en la escuela alemana.
Este cambio ha fortalecido la protección de los derechos fundamentales, ha enriquecido la teoría del delito y ha transformado la manera en que jueces, fiscales y abogados interpretan la responsabilidad penal.
La evolución continúa. En un mundo cada vez más complejo, el desafío consiste en lograr que esta sofisticación doctrinal contribuya a una justicia más humana, más eficiente y más respetuosa de los principios democráticos y constitucionales que sustentan el Estado de Derecho.