
Por Luis Ramón López

OPINIÓN.-La República Dominicana no necesita solo más aulas o más matrícula; necesita una educación que forme pensamiento crítico, lectura comprensiva, dominio digital, ciencia, matemáticas y habilidades socioemocionales. Los sistemas educativos que han avanzado más rápido son los que han puesto el centro en el aprendizaje real, no únicamente en la asistencia a clases.
En ese sentido, el desafío dominicano es doble; ampliar oportunidades educativas y elevar la calidad de lo que se enseña y se aprende. Los datos oficiales muestran avances recientes en cobertura, pero persisten problemas de abandono, rezago y bajo rendimiento que limitan la movilidad social y la competitividad del país.
Lo que muestran los datos
Durante el año escolar 2023-2024 se matricularon 2,617,801 estudiantes en el sistema educativo dominicano, de los cuales 77.6% estuvo en el sector público. La tasa neta de cobertura llegó a 59.9% en el nivel inicial, 92.6% en primaria y 70.7% en secundaria.
También hubo mejoras en eficiencia interna: en primaria, el 93.3% de los estudiantes fue promovido, 2.0% abandonó y 4.7% reprobó; en secundaria, el 88.1% fue promovido, 4.9% abandonó y 7% reprobó. Sin embargo, el mismo balance oficial confirma que el reto ya no es solo entrar a la escuela, sino garantizar que el estudiante aprenda con calidad y permanezca sin rezagos.
La brecha de aprendizaje
El dato más alarmante es el de aprendizaje. El Banco Mundial reporta que en República Dominicana 78% de los niños en edad de primaria tardía no alcanza comprensión lectora adecuada, una cifra 25 puntos por encima del promedio de América Latina y el Caribe. Además, 76% de los estudiantes no logra el nivel mínimo de competencia al final de primaria, según el mismo informe.
En PISA 2022, República Dominicana obtuvo 350 puntos globales, su mejor resultado histórico, con 351 en lectura, 360 en ciencias y 339 en matemáticas. Aunque eso representa una mejora frente a 2018, el nivel sigue siendo insuficiente para una economía que aspira a competir en innovación, productividad y empleo de mayor valor agregado.
Cómo debe ser la educación
La educación dominicana del siglo XXI debe estar organizada alrededor de cinco prioridades. Primero, alfabetización temprana y matemática básica desde los primeros grados, porque sin lectura ni cálculo no hay aprendizaje acumulativo. Segundo, formación docente continua, con evaluación, acompañamiento y actualización pedagógica permanente, no solo nombramientos y programas aislados.
Tercero, integración real de tecnología y competencias digitales, pero no como simple entrega de equipos; debe enseñarse a usar la tecnología para investigar, resolver problemas y producir conocimiento. Cuarto, más tiempo efectivo de clase, con asistencia, supervisión, materiales y calendario cumplido. Quinto, una educación técnica y científica conectada con el empleo, la industria, la economía digital y la innovación.
Qué cambios urgentes necesita
La República Dominicana debe pasar de una escuela centrada en la memorización a una centrada en competencias. Eso implica currículos más claros, menos dispersión de contenidos y más énfasis en comprensión lectora, razonamiento lógico, escritura, ciencias y ciudadanía digital.
También necesita fortalecer la evaluación de aprendizajes, publicar resultados con transparencia y usar esos datos para corregir fallas en cada distrito y centro educativo. Sin medición seria no hay mejora sostenida, y sin mejora sostenida el país seguirá invirtiendo mucho para obtener poco.
Principales retos
Uno de los mayores problemas sigue siendo que muchos estudiantes pasan por el sistema sin dominar lectura, escritura y matemáticas básicas. El Banco Mundial estima que 78% de los niños dominicanos en edad de primaria tardía no comprende lo que lee, y 76% no alcanza el nivel mínimo de competencia al final de primaria.
La desigualdad territorial también pesa mucho. Las zonas rurales y los centros públicos suelen tener más carencias en maestros, conectividad, materiales y condiciones físicas, lo que reproduce una educación de dos velocidades. A eso se suma la falta de continuidad en las políticas educativas, un problema que el propio sector técnico ha señalado como una de las causas del estancamiento.
Formación docente
Sin docentes bien preparados no hay reforma posible. Los informes recientes insisten en que la profesionalización, selección y actualización del maestro deben estar en el centro del cambio educativo, porque la calidad del aula depende en gran medida de la calidad del educador.
Aunque se han realizado capacitaciones y mejoras salariales, eso no basta si no va acompañado de evaluación, acompañamiento pedagógico y desarrollo profesional continuo. El desafío inmediato no es solo tener más maestros, sino tener mejores maestros en todas las regiones y niveles.
Tecnología y conectividad
La transformación digital es otro frente urgente. El sistema necesita pasar de usar tecnología como accesorio a integrarla como herramienta para aprender, investigar y resolver problemas. Sin conectividad suficiente, dispositivos, capacitación y contenidos adecuados, la brecha digital seguirá ampliando la desigualdad educativa.
La adopción de inteligencia artificial en la docencia todavía es limitada, lo que muestra que el sistema está lejos de aprovechar plenamente las nuevas herramientas pedagógicas. El reto no es seguir la moda tecnológica, sino usarla con criterio educativo, ética y utilidad real.
Gestión y gobernanza
Otro desafío inmediato es la gestión institucional. La educación necesita decisiones técnicas, menos interferencia política, más autonomía escolar y un seguimiento constante de resultados. Cuando las políticas cambian con cada administración, se pierde tiempo, se fragmentan los programas y se debilita la ejecución.
También hace falta mayor transparencia sobre qué funciona y qué no, para corregir a tiempo. El sector educativo dominicano debe moverse hacia una cultura de datos, con metas medibles y rendición de cuentas, en lugar de depender solo de discursos o anuncios.