El paquetazo tributario que volverá más caro vivir en República Dominicana

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Por Luis Ramón López

MOCA, Espaillat.-El llamado paquete tributario “anticrisis” llega envuelto en discursos técnicos, pero su impacto real se sentirá donde siempre duele más: en el bolsillo del pueblo. Otra vez, la salida que se plantea para resolver un problema del Estado parece caer sobre los hombros de los hogares dominicanos y de una diáspora que ya sostiene demasiadas cargas.

Este malestar responde a la reciente promulgación de la Ley 30-26. El Gobierno argumenta que estas medidas buscan recaudar entre 40,000 y 50,000 millones de pesos, para blindar las finanzas públicas ante la incertidumbre económica global, y destaca que no se tocó el ITBIS, el Impuesto Transferido a Bienes Industrializados y Servicios, es decir, el IVA dominicano. Sin embargo, la mayoría de sus disposiciones aprietan directamente el bolsillo del ciudadano común.

La medida puede presentarse como necesaria, pero en la calle la lectura es otra. Cuando suben los impuestos, sube casi todo; la comida, el transporte, los servicios, la compra del mes y hasta la capacidad de enviar dinero desde fuera. Y cuando eso pasa, no son los grandes intereses los que más sufren, sino la familia común que vive ajustada a su poco ingreso.

Este tipo de paquete tributario no se queda en los números del presupuesto ni en el lenguaje técnico de los economistas. Sus efectos suelen sentirse en la compra semanal, en la factura del hogar, en el costo del transporte, en los servicios básicos y en los productos de consumo masivo.

Cuando sube la carga impositiva sobre bienes o servicios esenciales, la presión se traslada de inmediato al presupuesto familiar. Para la clase media y los sectores de menores ingresos, eso significa menos capacidad de consumo, menos ahorro y más dificultad para cubrir necesidades básicas.

Un ejemplo del impacto, es el impuesto a la tarifa de salida del país por vía aérea, la que se incrementó notablemente, pasando de US$20 a US$30 por pasajero. Si planeas salir de vacaciones o por motivos de negocio, ese costo fijo extra se sentirá directamente en la compra de los boletos aéreos. No todo el que viaja es rico.

LA DIÁSPORA INCLUIDA EN PAQUETAZO

La diáspora dominicana también están pagando la cuenta. Cada dólar o cada euro enviado al país rendirá menos si los precios internos siguen subiendo. Lo que antes alcanzaba para alimentos, medicinas o útiles escolares, ahora puede quedarse corto. Así, el sacrificio de quienes viven fuera se convierte en el alivio de un Estado que prefiere recaudar antes que corregir fugas, privilegios y desperdicios.

No se trata solo de cuánto se manda, sino de cuánto alcanza. Si la presión tributaria eleva precios dentro del país, el dinero enviado desde fuera pierde poder de compra. En consecuencia, una remesa que antes cubría alimentos, medicinas, servicios o transporte puede dejar de ser suficiente.

Lo más preocupante es que este tipo de medidas casi nunca llega sola. Primero viene el impuesto, luego el aumento, después la queja y, al final, la resignación. Pero esta vez la población debería preguntar con más fuerza: ¿por qué siempre se busca meter la mano en el bolsillo del ciudadano y no en los bolsillos donde sí sobra?

El país necesita soluciones, sí. Pero no a costa de estrangular más a la clase media, a los trabajadores, a los pequeños negocios y a la diáspora que mantiene viva buena parte de la economía nacional. Si la crisis se va a repartir, que se reparta con justicia. Porque cargar siempre al mismo pueblo ya no es reforma: es abuso.

Al final, el gran temor es que la factura de la crisis termine subiendo desde arriba hacia abajo; del Estado a los ciudadanos, de los números macroeconómicos a la mesa del hogar, y del discurso fiscal al bolsillo de quienes menos pueden defenderse.

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