
Por Ing. Félix Díaz Tejada
OPINIÓN.-El afán por los negocios de la minería metálica promovida por grupos corporativos internacionales y sus satélites criollos arrastró a las castas políticas de Rep. Dominicana a crearle la alfombra de un Ministerio de Energía y Minas el 13 de julio del año 2013, para que le sirviera de mampara a sus intereses.
Desde finales de la década de 1990 y hasta la fecha han concesionado prácticamente
todo el ámbito del territorio nacional y hasta las costas y los fondos marinos, con más de
600 concesiones de exploración, en búsqueda de metales, a pesar de que relativamente
somos un país pequeño y con una densidad demográfica muy alta, con recursos
limitados y que gradualmente se nos van haciendo exiguos, como es el caso del agua y
la calidad del aire.
El país ha apostado con relativo éxito al desarrollo de sectores estratégicos como el
turismo, el comercio, las zonas francas, las agroindustrias, generación de energía,
finanzas, cooperativismo y el fomento de la agropecuaria. En este último renglón con la
implementación de paquetes tecnológicos de alto nivel, en rubros emblemáticos como el
arroz, banano, plátano, yuca, papa, cebolla, hortalizas, vegetales, tabaco, piña, coco,
tomate industrial, chile picante, habichuela, aguacate, cacao, café, pitahaya, ganadería
vacuna y porcina, avicultura, piscicultura y apicultura. Al menos 15 de estos rubros
engrosan la canasta de bienes de exportación, los que cada año superan con creces
todas las cifras que con bombos y platillos propagandizan los promotores de la
megaminería.
A modo de ilustración vayamos a las estadísticas que publica ProDominicana. Por
ejemplo, en el año 2023, las exportaciones totales del país ascendieron a la suma de
US$12,949.80 millones de cuyo monto correspondió a la minería un total de US$1,635.10
millones, mientras que entre los rubros agrícolas, agroindustriales y bienes de origen
agropecuario procesados en zonas francas fue exportada la suma de US$2,208.30
millones, incluyendo azúcar crudo y derivados, tabaco manufacturado, cacao en grano y
cacao manufacturado.
En el año 2024, el escenario fue el siguiente: Las exportaciones totales alcanzaron la
cifra de US$13,928.80 millones, de cuya suma correspondió a la minería metálica,
incluyendo el oro, la cantidad de US$1,712.70 millones. En tanto que los bienes de origen
agropecuario, agroindustrial y manufacturados ascendieron a US$2,599.70 millo
[10/5 10:32 a. m.] Luis J: Al cierre del año 2025, las exportaciones de origen dominicano ascendieron a la suma de US$15,957.60 millones, correspondiendo a todos los rubros de la minería la cantidad de US$2,648.70 millones, mientras que los bienes primarios de origen agrícola, así como procesados y manufacturados en zonas francas agroindustriales, ascendieron a US$2,936.90 millones.
Cuando de empleos se trata, el sector agropecuario y agroindustrial, se mantiene como
uno de los mayores generadores de empleos y ocupados, además de garantizar la
seguridad alimentaria en más del 87% de la canasta de consumo en la gastronomía
dominicana, la provisión de más de US$600 millones anuales a los polos turísticos, bares
restaurantes y emprendimientos locales de comida rápida.
De los 4,938,108 ocupados en el año 2024, el comercio empleaba la cantidad de
1,009,615 ciudadanos (as), la agricultura y ganadería 359,755 ocupados, mientras que
la minería apenas 7,063 personas. En el año 2025, el número de empleos totales en
Rep. Dominicana fue de 5,080,473 empleos, de los cuales correspondió la suma de
1,025,029 al comercio; 423,506 a hoteles, bares y restaurantes; 353,774 a la agricultura
y ganadería y apenas 7,199 a la minería.
Realmente los números no le cuadran bien a la propaganda minera, pero tampoco la
cantidad de empleos y la hipotética bonanza. Amen de los graves pasivos ambientales
que nos han dejado como herencia en Loma Ortega, provincia La Vega, al igual que en
Loma La Peguera, Caribe, Peñaló y La Minita, provincia Monseñor Nouel; Aceitillar en la
provincia Pedernales y el mayor desastre ambiental y de pobreza socioeconómica en la
provincia Sánchez Ramírez.
Al hurgar en las estadísticas servidas por el Banco Central de la República Dominicana,
en todos los periodos publicados, la provincia San Juan de la Maguana, a pesar de todo
el menosprecio mediático la misma se mantiene en la posición No. 17 de las 32
provincias en cuanto a las captaciones de depósitos y valores en el sistema bancario
dominicano, con RD$14,677.30 millones y RD$16,357.0 millones al cierre de los periodos
2024 y 2025, respectivamente. Superando a las provincias Monseñor Nouel y a Sánchez
Ramírez, las cuales ocupan las posiciones No. 18 y 19, respectivamente.
En el renglón del negocio de préstamos la provincia San Juan ocupa la posición No. 13,
con la cartera de créditos colocados por el orden de RD$10,102.00 millones y
RD$10,106.90 millones al cierre de los años 2024 y 2025, respectivamente. Superando
a las provincias Monseñor Nouel y Sánchez Ramírez, las que quedaron rezadas en las posiciones No. 16 y 19 respectivamente.
Como vemos, las matemáticas no mienten, cuando las vemos fríamente y de manera desapasionada, con la verdad como arma principal.
Obviamente, la provincia San Juan debe recibir un trato equitativo y justo por parte del
Estado Dominicano, promoviendo la convertibilidad de los bienes agrícolas primarios en
productos manufacturados orientados a las exportaciones, incentivar la diversificación
agropecuaria, la introducción de paquetes tecnológicos innovadores, patrocinar las
inversiones de agroindustrias del sector privado, con proyectos específicos, invertir en la
planes y proyectos para recuperar las cuencas hidrográficas y las áreas protegidas.
El país no debe continuar apostando al vacío, el déficit fiscal deben pagarlo las castas
económicas y políticas, muchas de las cuales no resisten una auditoria de sus fortunas.
No sigan apostando a la propaganda minera. En términos ambientales estamos llegando a un punto de inflexión, las élites no deben seguir matando la esperanza en un futuro
mejor, ni imponiendo sus caprichos valiéndose de recursos mediáticos. Al fin y al cabo,
cuando los pueblos se rebelan son como esas corrientes indomables luego de un diluvio, nada lo detiene.
El autor, ingeniero agrónomo, ambientalista, asesor financiero exgerente del banco Santa Cruz