
Por Luis Ramón López

MOCA, Espaillat.-En la comunidad de El Corozo, específicamente en la parte trasera del sector conocido como La Ibérica, decenas de familias sobreviven entre el polvo, el lodo y la indiferencia oficial. Se trata de un camino vecinal que, según denuncian sus residentes, lleva más de 30 años en estado de abandono, sin que hasta la fecha las autoridades municipales ni el Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones hayan dado una respuesta efectiva.
La vía, que representa el único acceso para muchas familias, se encuentra en condiciones deplorables, dificultando el tránsito de peatones, motocicletas y vehículos, especialmente en tiempos de lluvia, cuando el camino se convierte prácticamente en intransitable.
La denuncia fue canalizada por el Consejo para el Desarrollo Comunitario, encabezado por el dirigente comunitario Juan Escaño, quien ha asumido la vocería de los residentes ante la precariedad que afecta a este sector marginado.
“Estamos hablando de familias que viven en condiciones muy difíciles, con un acceso que no ha recibido atención en décadas. Son años de promesas incumplidas y de abandono total”, expresó Escaño.
Los comunitarios aseguran que han realizado múltiples gestiones y solicitudes a las autoridades locales, sin obtener respuestas concretas. Mientras tanto, continúan enfrentando dificultades para acceder a servicios básicos, trasladar enfermos, enviar a los niños a la escuela y desarrollar actividades económicas.
El Consejo para el Desarrollo Comunitario, informó que se encuentra identificando otros sectores en condiciones similares, donde las comunidades llevan años esperando la intervención del Estado sin resultados visibles.
“Este no es un caso aislado. Hay muchos sectores olvidados que necesitan la mano amiga del gobierno y de las autoridades municipales. Este es un llamado urgente para que se escuche a estas comunidades”, agregó Escaño.
Los residentes de El Corozo, esperan que su voz finalmente sea atendida, y que las autoridades asuman el compromiso de intervenir este camino, como una acción mínima de dignidad para quienes han esperado por más de tres décadas.
El deterioro de esta vía no solo refleja un problema de infraestructura, sino también una deuda social acumulada con comunidades que, a pesar del paso del tiempo, siguen esperando soluciones.