El poder de las palabras: ¿Qué es el hablar negativamente de otro y cuáles son sus efectos?

El poder y la magia de las palabras

Por Carlos A. Guzmán F.

OPINIÓN.-El hablar de manera negativa de otro es una conducta social negativa. La mayoría de la gente piensa que hablar mal de otro es mentir, inventar rumores o decir cosas falsas a espaldas de alguien. Pero la definición es mucho más amplia y más exigente. Incluye cualquier comentario negativo sobre otro, incluso cuando lo que se dice es completamente verdad.

Este es, quizás, el punto más sorprendente. Tendemos a pensar que si lo que digo es cierto, está permitido. Pero desde la perspectiva de lo correcto, la verdad no es el único criterio. Si la intención -o el efecto- de lo que se dice es dañar, el hecho de que sea cierto no lo justifica.

Si nuestras palabras hacen que otros vean a alguien con menos respeto, si afectan su reputación, si lo avergüenzan o perjudican sus relaciones o su sustento, entonces estamos frente a lo negativo. 

Tres formas de uso incorrecto de la palabra o tres categorías relacionadas con el habla negativa:

-Decir algo negativo que es verdadero.

-Decir algo falso con la intención de perjudicar -aún más grave, porque combina daño con mentira.

-Transmitir información de uno a otro, generando conflictos o resentimientos, incluso si no es particularmente negativa.

La buena conducta desalienta fuertemente cualquier forma de chisme o circulación innecesaria de información personal. Se trata de un arma letal.

El daño verbal es absolutamente real y, muchas veces, irreversible. Incluso, puede compararse con el asesinato. Porque un comentario negativo puede potencialmente destruir la reputación, afectar el trabajo, el matrimonio, las amistades y el buen nombre. Es asesinar el carácter de un individuo a través de los comentarios nocivos.

También se lo compara con un crimen capital por la irreversibilidad del daño. A diferencia de una pérdida económica, que muchas veces puede recuperarse, una reputación dañada no puede ser recuperada por completo.

Por eso, el habla no debe verse como algo trivial. Las palabras tienen peso, tienen consecuencias, y pueden construir o destruir. El desafío es tomar conciencia de ese poder y usarlo con responsabilidad. Así como una enfermedad contagiosa se propaga de uno a otro, el hábito de hablar mal también es contagioso. 

Cuando alguien habla negativamente en público, contribuye a normalizar ese comportamiento. Quienes escuchan, poco a poco, comienzan a hacer lo mismo. Así, lo que empezó como un comentario aislado puede terminar deteriorando el ambiente de toda una comunidad.

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