La muerte de la cortesía en República Dominicana: estrés, indiferencia y una sociedad al borde del colapso social

Por: Joeldi Oviedo Grullón

OPINIÓN.-Si algo caracterizaba al dominicano en el pasado era su calidez, su trato amable y sus gestos de cortesía. Pero esa imagen idílica ha ido desvaneciéndose con el tiempo. Hoy, la realidad es distinta: el saludo ha sido reemplazado por el silencio, la paciencia por la impaciencia y la empatía por la indiferencia. En las calles, en los bancos, en las tiendas y en el servicio al cliente, la cortesía parece estar en peligro de extinción.

La falta de amabilidad en República Dominicana no es un simple problema de mala educación, sino un reflejo de un deterioro social más profundo. El estrés crónico, el individualismo creciente y la desconfianza generalizada han convertido la convivencia en un terreno hostil. La cortesía ha pasado de ser un valor social a una formalidad vacía, y en muchos casos, ni siquiera eso.

Estrés y agresividad: el cerebro bajo presión

El mal humor, la impaciencia y la indiferencia tienen una explicación científica. Cuando una persona está sometida a altos niveles de estrés, su cerebro sufre cambios significativos. El córtex prefrontal, responsable del autocontrol y la empatía, se debilita, mientras que la amígdala—la región encargada de la respuesta de lucha o huida—se hiperactiva. Esto provoca reacciones más impulsivas y agresivas, reduciendo la capacidad de ser cortés o considerado con los demás.

Además, el estrés crónico disminuye la producción de neurotransmisores clave como la serotonina, la dopamina y la oxitocina, los cuales regulan el bienestar emocional y las interacciones sociales. Con niveles bajos de estas sustancias, las personas se vuelven menos empáticas, más irritables y menos propensas a mostrar amabilidad en su día a día. No es casualidad que en las ciudades más caóticas del país el mal servicio, la frialdad y la hostilidad sean más evidentes.

El colapso de la cortesía en la vida cotidiana

No hay que ser científico para notar el cambio en el comportamiento social. El tráfico se ha convertido en una guerra de bocinas y maniobras agresivas, nadie cede el paso y los insultos son el nuevo idioma en las calles. En los supermercados y tiendas, los empleados parecen atender con fastidio, sin ningún interés en brindar una experiencia agradable. Los bancos y oficinas públicas han perfeccionado la indiferencia, dejando al cliente a la deriva en un laberinto de burocracia y largas esperas.

Lo más preocupante es que esta tendencia no solo ocurre en los espacios comerciales, sino en la vida cotidiana. Los jóvenes rara vez ceden el asiento a los mayores en el transporte público. Los saludos han desaparecido entre vecinos. La gente camina con el celular en la mano, ignorando por completo a quienes tienen al lado. Y en las redes sociales, la hostilidad se ha vuelto la norma: en lugar de debatir con respeto, se ataca, se insulta y se humilla sin piedad.

¿Hemos normalizado la frialdad?

El dominicano no solo ha dejado de ser cortés, sino que ha aprendido a no esperar cortesía de los demás. En una sociedad donde la amabilidad es escasa, la gente deja de practicarla porque asume que no será correspondida. Así se forma un círculo vicioso: la cortesía desaparece porque nadie la valora, y nadie la valora porque ha desaparecido.

La pregunta es: ¿podemos revertir esta situación? La respuesta es sí, pero el cambio no ocurrirá espontáneamente. Se necesita una transformación consciente en la forma en que nos relacionamos. La cortesía no es solo una cuestión de educación; es una herramienta para fortalecer el tejido social y mejorar la convivencia. Si queremos recuperar nuestra identidad como un pueblo cálido y hospitalario, debemos empezar por los pequeños gestos: un saludo, un gracias, un favor sin esperar nada a cambio.

Porque al final, la cortesía no es solo una cuestión de modales. Es el reflejo de qué tipo de sociedad queremos construir.

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