Lo que hace valor un texto literario

Por Pedro Ovalles

El renombrado crítico literario español, Marcelino Menéndez y Pelayo, dijo, entorno a la obra dramática de Lope de Vega y al Quijote de Cervantes, con relación al pueblo español (cito de memoria): “Podrán destruir todos los textos de Historia y Sociología españolas, y que sólo queden las obras de estos dos escritores, y bastaría la producción literaria de ellos para reconstruir toda la historia del pueblo español”.

Eso mismo podemos decir de República Dominicana con relación a los monumentales poemas: Hay un país en el mundo de Pedro Mir, Compadre Mon de Manuel del Cabral, Rosa de tierra de Rafael Américo Henríquez, Clima de eternidad de Franklin Mieses Burgos, Yelidá de Tomás Hernández Franco, y del no menos excelso Vlía de Freddy Gatón Arce.

Podemos escoger las dos primeras de estas obras poéticas de la literatura vernácula y rehacer discursivamente nuestra historia, penurias, esperanzas y angustias.

Ciertamente, en lo esencial del producto artístico, estos excelentes poemas de nuestra literatura, pues han pasado a hacer paradigmas poéticos, no por el tema subyacente en ellos, sino por el lenguaje que da cuenta del acto poético.

Por igual: solamente podría quedar como texto Cien años de soledad, novela que le dio fama por todo el mundo al escritor colombiano Gabriel García Márquez, y que le valió el Premio Nobel de Literatura, y sólo esa novela–poema (la novela es la épica de los tiempos modernos y posmodernos), nos revelaría el ser hispanoamericano, con todos sus defectos y virtudes: su idiosincrasia histórica y cultural.

Esos textos mencionados no adquieren el calificativo de literatura de valor por los temas que vertebran en su respectiva configuración lingüística. Es el tratamiento del lenguaje, repetimos, que las hace ser obras de arte, de una extrañeza inusual, para decirlo en palabras de Harold Bloom.

Deja un comentario