FELIZ: Astrid, la niña que se ganó el corazón de los dominicanos

Astrid, la niña que se ganó el corazón de los dominicanosPor Carolina Pichardo

BOSTON.-Después de un año y medio ya había llegado el día en que por fin vería los resultados de las operaciones realizadas a la bebé Astrid Montero, quien nació con cardiopatía congénita y tenía altas posibilidades de perder la batalla.

Confieso que estaba ansiosa, porque eso significaría que por fin podría verla de cerca y por supuesto cargarla, a diferencia de la primera vez que la vi, el 7 de noviembre de 2017, cuando aún estaba tan débil que era de alto peligro percibir de cerca esos ojos que solo había visto en fotografías.

Pero ya la espera había terminado. El 25 de mayo de este año llegué a Boston, Massachussets, una ciudad caracterizada por sus gélidas temperaturas, pero que en esta primavera había dejado atrás el frío para darle la bienvenida al calor, un clima que era favorable para estar al aire libre.

Astrid había crecido. Ya no tenía esos débiles brazos y piernas que se tornaban azules por la falta de oxígeno, su peso parecía como el de una niña de casi dos años, balbuceaba algunas palabras y podía al menos pararse mientras estuviera sostenida de sus padres.

Lo primero que hizo al verme fue reír, a pesar de que no me conocía, porque solo la había visto de cerca por videollamadas. Luego desvió la mirada y expuso sus diminutos dientes a la pantalla de una tableta que presentaba una caricatura.

Esta simple acción mostraba una evolución. Tiempo atrás, cuando sonreía, sus pulmones se debilitaban y sus manos, pies y labios se tintaban temporalmente de morado, una señal que alertó en esos primeros días a los padres y quienes posteriormente descubrieron que la enfermedad debía ser tratada en el Hospital de Niños de Boston, con un costo superior a 250,000 dólares.

Ya Astrid no está asistiendo al hospital con tanta regularidad, pero como solicitud personal les pedí conocer  ese lugar que marcó tanto sus días. Por lo que sus padres, Lorainne Gómez y Denny Montero y yo, entramos al centro médico especializado en salvaguardar la vida de niños y de inmediato me percaté que el ambiente transmitía paz y mucho colorido.

Paredes con animaciones, peceras con distintas especies y escaleras que emiten sonido al subir o bajar, son parte de los aspectos que lo hacen único.

Pero Astrid, quien era sostenida por su madre, se impresionó por una pared que tenía diferentes botones que servían para intensificar los colores. La niña, quien recibe desde hace meses terapias del habla y para caminar, cuando vio este muro, se paró sola y trató de caminar. Una habilidad que también sorprendió a la madre porque ella nunca lo había hecho por sí misma.

Para su madre, volver al hospital le remonta a esas semanas en las que Astrid estuvo en Cuidados Intensivos, y en las que aprendió a sostenerse más en la fe.

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