
Por Luis Ramón López
MOCA.- Este municipio de una tradición de alegria y celebraciones en las visperas de la Navidad, todos sus entornos lucen como un cachimbo sin humo, un pueblo dormido en sus fiestas sin calor humano.
Salir a dar una vuelta por las calles de la ciudad, que no tiene actividad social, es como andar en un camino vecinal en la madrugada, solitario, frio y sin ambiente.
Todos los tiempos cambian , pero estos han cambiado como el cangreso hacia atrás, nunca con pasos firmes hacia delante.
Cada año que pasa las fiestas navideñas son menos atractivas, menos tradicionales, donde la gente, la población se ha entregado a vivir encerrado y ha perdido sus valores, costumbres y tradiciones.
Moca, se ve sin las luces de navidad, las decoraciones de los frentes de las casas y los arboles, que dan vida a la época en que todos celebramos y recordamos el nacimiento del Niños Jesús, en Belén.
Todos los días y los fines de semanas que antecedian a las fiestas navidades, los padres subian en familia con sus hijos a ver las vidrinas de los alrededores del mercado viejo y las tiendas que galanamente exhibian juguetes, golosinas y el nuevo look de ropas, procedentes de los barrios y comunidades cercanas a la ciudad.
Los tarantines adornados con luces y coplados de uvas, manzanas, confites, pasa, vinos pinto y moscatel Caballo Blanco y guindando un radio encendido a volumen con un programa de música navideña, de los muchos que existian, escuchando los merengues de Féliz del Rosario, Jhonny Ventura, José Feliciano, Jossie Esteban y la Patrulla 15, El Zafilo y otros exponentes amanecian hasta el 24 en la madrugada.
El 24 de diciembre era un gentio que abarrotaban esos pequeños negocios comprando juguetes, bebidas, golosinas y las tiendas para la celebración de la noche buena, que armonizaban con la fresca brisa de la temporada y la venta de té de jengibre caliente.
De eso solamente quedan los recuerdos en la memoria de quienes fuimos testigos de esa infantil época , en que todo era una ilusión y un sueño.
Hoy vemos a una ciudad fria, sin calor humano y sin vida nocturna, en vispera de Navidad. No culpo a la población, culpo a sus autoridades, que han dejado que el tiempo guien y tracen los caminos.
Los tiempos cambian, pero no las acciones, las mentes ni los principios.