
Por Luis Ramón López
Jesucristo es uno de los hombres que más profundamente ha influido en la
historia de la Humanidad. Su predicamento en vida, se transformó tras su muerte y dando lugar a una nueva religión, que se extendió por buena parte del mundo occidental, a través de la evangelización llevada adelante por la Iglesia Católica.
Jesús de Nazaret llega a nosotros a través de los evangelios, los libros sagrados escritos por aquellos que se acercaron mucho a Jesucristo y decidieron informar y escribir sobre la vida de Él.
En estas escrituras se describe a Jesucristo como un hombre pacífico y alejado de laviolencia, una característica bastante común en los años de la dominación del Imperio Romano. Para muchos sus mensajes eran conflictivos.
A los treinta años, se estableció en Cafarnaún, donde comienza a predicar la “llegada del Reino de Dios“.
Jesús de Nazaret era un predicador ambulante. Tras sortear una serie de pruebas de ascetismo, entre la población que le rodeaba, aumentó su popularidad y, también, el número de sus seguidores.
Entre estos seguidores, fueron apareciendo ciertas personas que se destacaban entre las demás y que dejaron todo a un lado, para seguirle. Eran los doce hombres que conformaban el núcleo más cercano a Jesús. Eran quienes hoy conocemos como los doce apóstoles.
Jesucristo dedicó gran parte de su juventud (y de su vida) a predicar sus enseñanzas de Dios. Así, recorrió numerosos lugares de Palestina, consiguiendo que le escuchasen por todas las partes del mundo. ¿Cómo podía mover tantas masas? Jesús de Nazaret, hablaba y predicaba con parábolas, que eran hechos que llegaban al sentido del ser humano, para hacerles reflexionar.
Los más humildes de la época se identificaban con la palabra de Jesús y sobre todo sumaba seguidores debido a los muchos milagros que decían que obraba. Tenemos un famoso ejemplo, como la resurrección de Lázaro o la transformación del agua en el mejor vino de la fiesta, durante las bodas de Canaán.
A pesar de la admiración de muchos, Jesús sufre acusaciones por hipocresía moral. Le acusaban de creerse mejor que sus dioses y de lavarles el cerebro a sus fieles seguidores, además, de meterles patrañas con los milagros. Veían en el predicador una amenaza, que haría temblar los cimientos de sus creencias y su falta de humildad en sus religiones.
Jesús sabía que su final era inminente, entonces, reunió a sus discípulos para que juntos así, pudiesen celebrar la Pascua, en un mesón que habían reservado.
Ésta reunión, era La última Cena. Después de la cena, Jesús, temeroso de lo que se venía encima, rezaba en el Monte de los Olivos, tratando de sacar las fuerzas que necesitaría en lo que se aproximaba. Le acompañaron dos apóstoles, para que rezaran con Él, pero se quedaban dormidos.
Más tarde, seguido de soldados del imperio, apareció uno de sus discípulos, Judas Iscariote, que por treinta monedas de plata, entregó a Jesús al Imperio Romano, tras un beso con el que le traicionó. Esta situación da inicio a la Pasión de Cristo, proceso en el cual es sometido a durísimos padecimientos antes de ser finalmente crucificado en la cruz.
En “última cena”, en ella, predijo ante sus seguidores que habría de ser traicionado por uno ellos. Poco después, tras la traición del apóstol Judas Iscariote, Jesús fue capturado por los guardias del sumo sacerdote.
El consejo religioso judío, le declaró culpable de blasfemia, ante la afirmación de Cristo de que él era elMesías. Se le condenó a la pena de muerte.
Pero el sanedrín no podía aplicar dicha pena sin el consentimiento de las autoridades romanas que, recordemos, dominaban la región.
Fue así que el gobernador romano de Judea, Poncio Pilatos, accedió a cumplir la pena que determinaron las autoridades judías. Jesús fue torturado y los soldados, rasgaron sus vestiduras, se apostaron su capa. Le incrustaron en la frente, una dolorosa corona de espinas, para que recorriera el camino, hasta el Monte del Calvario.
Poco después expiró a través de crucifixión, un método de ejecución utilizado en tiempos romanos. Cuando Jesús entregó su vida, el suelo tembló y el cielo tronó.
Sus discípulos, se encargaron de recogerle, ungirle y velarle. Guardaron su cuerpo en una pequeña cueva, tapada por una gran roca. Al tercer día, cuando volvieron a verle, Jesús, había resucitado de entre los muertos.
Tras su muerte, la vida y el legado de Cristo cobraron una relevancia como quizás nunca se había visto en la historia.
Sus discípulos relataron el milagro de la resurrección. Los once apóstoles restantes presenciaron su aparición. En ellas Jesús les ordenó que predicaran su mensaje. Esta línea religiosa que sostenía que Jesús de Nazaret era el Mesías, hizo que las creencias cristianas se separaran aún más, de la tradición judía.
Jesús de Nazaret nace hacia año 5 a.C. en un establo de Belén, en Judea, cuando dicha provincia pertenecía al Imperio Romano. Sus padres fueron José (que era carpintero) y María la Virgen.
Según conocemos por las Sagradas Escrituras, Jesús fue “concebido por obra y gracia del Espíritu Santo“. Con esto, se quiere explicar la intercesión del Espíritu Santo, para que la joven María, Madre de Jesús, quedase encinta del Hijo de Dios. Y como el Hijo de Dios, no podía habitar en el cuerpo de una pecadora, ella nació sin pecado alguno. Llamándola así, Inmaculada Concepción, librándola del pecado original, con el que nacemos todos.
FUENTE: Sobrehistoria.com