
Por Luis Ramón López
MOCA.- El joven Carlos Alberto Amarante García, es un joven aspirante a la diputación con grandes posibilidades de triunfo en las elecciones venideras, que la comunidad mocana de su generación ha tomado como suya.
En el vaiven cotidiano de la política mocana, Amarante García, ha tenido y tiene que compartir y vivir la realidad social y de pobreza en que vive la población en los principales barrios y sectores marginales de Moca.
Pero al parecer sus asesores sicoananlistas y de marketing político, no lo están orientando bien, porque en su roce con la población se ve a un joven tenso dando los saludos y abrazos, lo que lo aleja del sentimiento popular de las personas mayores, que en realidad lo admiran y lo promueven, pero ven en él esa debilidad.
Otro de los aspectos negativos a corregir, es que los saludos, es que su séquito de propaganda, seguridad y otros integrantes de su equipo de trabajo le estan quitando brillo a su figura, porque sólo andan figureando, y no se están dedicando a su tarea de apoyo proselitista y de corregir cualquier situación visible.
Es que reconocer que se está moldeando a un candidato con posibilidades ciertas, pero hay que cubrir muchas faltas que en el camino podrIa cometer por su desconocimiento y falta de tactos.
Tiene que conoce más de la sicologia social popular de la gente que viven en los barrios, en el casco urbano y la zona rural para no cunfundir los escenarios y lo pueda distinguir a la hora de visitar a cada uno de ellos.
La preparación y el conocimiento del juego político, es la enseñanza de un buen ganador, que planifica día a día con su equipo de asesores las tareas y trabajos a realizar.
Estos comentarios vienen a raíz, los movimientos en falsos que se observan a diario en el talentoso joven, que por falta de una buena orientación, no pueda accesar y llegar a más gente de la población.
Tiene que dar un abrazo sincero al pobre como al rico, al sucio, al buen vestido, al limosnero, al enfermo sin importar sus condiciones, es ver el espejo del otro en él. Eso le toca a sus asesores, que sólo andan figuerando.