
Por Luis Ramón López, perodista.l.r@hotmail.com
MOCA.- La delincuencia le gana la batalla a la comunidad mocana. Los últimos hechos registrados en que la policia mata un presunto reconocido delincuente, y que en la misa en la iglesia de su funeral, en plena iglesia, en la casa de Dios, bandas rivales de enfrentan, algo insólito y nunca visto en Moca.
Pero, más aún vergozonso resulta que el féretro del occiso llamdo Minguin, fue trasladado hasta el cementerio municipal de Moca, arropado como un héroe con la insignia tricolor, la bandera dominicana, que insulto a la memoria de nuestros fundadores.
Al santuario Sagrado Corazón de Jesus, se presentaron en medio de la misa, que ofrecia el padre Goyo y llevaron miembros de la banda Los Trinitarios, a la que pertenecia Minguin, con machetes, armas y otros objetos, en son amenazante, donde hasta el padre corrió y los feligresos despavoridos del miedo salieron huyendo como Satanás a la Cruz.
Tremendo reperpero se armó en la ilglesia Sagrado Corazon de Jesús, que ni en los tiempos de Balaguer, cuando fue intervenida por grupos revolucionarios, se repeto su integridad moral y religiosa por los cuerpos armados y policiales de la época, contrario a lo ocurrido en el funeral de Minguin, un joven de apena 21 años, que sabia y picaba más que una abispa.
Estos es lamentable en una sociedad de hombres y mujeres que por tradición se dedicaron al trabajo y que por la irresponsabilidad de la misma sociedad, se vea atrapada en medio de una caceria humana, donde casi a diario Moca, salen en los medios de comunición nacionales e internacionales como una de las ciudades más peligrosa y violenta de la República Dominicana.
Minguin, puso la tapa al pomo de la delincuencia en Moca. No se sabe a ciencia cierta el destino de los mocanos, un pueblo que vivia en paz, tranquilidad y sosiego, que ya no existe.
Moca y su gente se tiene que levantar y decir «no más violencia, muerte, robos y delincuencia». No se puede estar en ninguna parte, que no sea pensando en la muerte y si regreso como llegaría a mi santo hogar sin alcanzado por las manos ensangretadas de la delincuencia operante sin control en la ciudad de Moca.
Los esfuerzos han sido envanos e inoperantes, que esperamos que no sea tarde, y la propia sociedad desesperada por las cruces en el cementerio de sus hijo, se levante un día y llena de arrojo y valentía, detenga ese llanto que desgarra y atormenta la conciencia y la tolerancia que identifica al mocano, que cuando se levanta toma el sable que doblega y motaliza su orgullo.