
Por Luis Ramón López
OPINIÓN.-Cada 5 de abril, en el Día del Periodista Dominicano, la República Dominicana, rinde homenaje a hombres y mujeres que han hecho de la palabra un instrumento de servicio público. Sin embargo, más allá de los actos protocolares y los reconocimientos formales, la realidad que enfrenta una gran parte de miembros del gremio dista mucho de ser motivo de celebración.
En medio de condiciones laborales precarias, bajos salarios, escasa seguridad social y limitadas garantías de retiro digno, numerosos periodistas dominicanos sobreviven en un escenario marcado por la incertidumbre, la precariedad y las enfermedades.
Muchos, tras décadas de ejercicio profesional, enfrentan enfermedades crónicas sin acceso a sistemas de salud adecuados, lo que los condena a una vejez marcada por la vulnerabilidad y, en no pocos casos, la miseria.
El panorama resulta aún más dramático en el interior del país, donde ejercer el periodismo implica no solo precariedad económica, sino también riesgos físicos, presiones políticas y una constante lucha por mantener la independencia editorial.
A esta realidad se suma un fenómeno contemporáneo que redefine el ejercicio periodístico, el avance vertiginoso de la tecnología y la irrupción de la inteligencia artificial.
Si bien estas herramientas han democratizado el acceso a la información y optimizado los procesos de producción de contenido, también han generado nuevas tensiones. Para muchos periodistas, especialmente aquellos formados en esquemas tradicionales, la adaptación a este nuevo ecosistema digital representa un desafío complejo.
La brecha tecnológica no solo es generacional, sino también económica. La falta de acceso a formación continua, equipos adecuados y conectividad de calidad deja a numerosos profesionales rezagados frente a un modelo comunicacional que exige inmediatez, multimedialidad y dominio de plataformas digitales.
Paradójicamente, en una era hiperconectada, emerge una nueva forma de exclusión: el aislamiento. La digitalización del periodismo ha reducido los espacios físicos de interacción, debilitando la dinámica de redacción y el sentido de comunidad que históricamente caracterizó al oficio.
Hoy, muchos periodistas trabajan de manera independiente, desde sus hogares, sin el respaldo de estructuras institucionales ni el acompañamiento de colegas. Esta soledad profesional, sumada a la inestabilidad económica, se traduce en afectaciones emocionales y psicológicas que rara vez son visibilizadas.
El aislamiento, en este contexto, se convierte en una “enfermedad silenciosa” que impacta tanto la calidad de vida del periodista como la calidad del contenido que produce.
UN LLAMADO A LA REFLEXIÓN
En vísperas del Día del Periodista Dominicano, más que celebrar, el país, tiene el deber de reflexionar. El periodismo sigue siendo un pilar fundamental de la democracia, pero quienes lo ejercen necesitan condiciones dignas para cumplir su rol.
El fortalecimiento del gremio, la implementación de políticas públicas de protección social, la capacitación tecnológica continua y la dignificación del ejercicio profesional no pueden seguir siendo temas postergados.
No se trata de exageración. Basta mirar la realidad de decenas de periodistas que, luego de dedicar su vida a informar, hoy sobreviven entre enfermedades y un sistema que simplemente les dio la espalda. Enfermarse, para un periodista dominicano, no es solo un problema de salud: es una sentencia económica.
Reconocer al periodista no debe limitarse a un día en el calendario. Debe traducirse en acciones concretas que garanticen que quienes informan a la sociedad puedan vivir con la misma dignidad que defienden con su palabra.
RECONOCIMIENTOS
En medio de la tormenta hay que reconocer que instituciones como el Colegio Dominicano de Periodistas y el Instituto de Previsión y Protección del Periodista han impulsado iniciativas orientadas a la protección del gremio: jornadas médicas, ayudas económicas, pensiones gestionadas ante el Estado y algunos programas de capacitación.
El Estado ominicano, en distintas gestiones de gobierno desde Leonel Fernández y Danilo Medina incluida la encabezada por el actual presidente Luis Abinader, se han otorgado pensiones solidarias a periodistas en condiciones vulnerables, así como apoyos individuales en casos de enfermedad o extrema necesidad.
Sin embargo, estas acciones tienen grandes limitaciones, una de ella, de que se actúa cuando el problema ya es crítico; enfermedad, pobreza extrema o retiro sin ingresos. No existe un sistema preventivo sólido que garantice seguridad social digna para los periodistas desde el inicio de su carrera.
Las autoridades no están completamente ausentes, pero sí están llegando tarde y de manera limitada a esta urgencia.