Una economía que crece… pero no se siente

Crece la economía, pero el bolsillo no lo siente - Noticias de San Luis  Potosí

Por Rhadamés Mercedes

Radhames Mercedes (@radhames.mercedes.7) • Facebook

MOCA, Espaillat.-La economía de la República Dominicana, bajo la gestión del presidente Luis Abinader, se presenta en cifras como una de las más dinámicas de América Latina. Sin embargo, en la calle, en el colmado, en el bolsillo del ciudadano común, la historia parece ser muy distinta.

El discurso oficial habla de crecimiento sostenido, estabilidad macroeconómica y confianza internacional. Y es cierto: sectores como el turismo, las zonas francas y las remesas han impulsado indicadores positivos. Pero la gran pregunta es inevitable: ¿de qué sirve crecer si ese crecimiento no se traduce en bienestar real para la gente?

Hoy, la percepción generalizada es clara: vivir en la República Dominicana es más caro. La canasta básica sigue en aumento, los combustibles no reflejan las bajas internacionales como deberían y el salario pierde capacidad frente a una inflación que, aunque técnicamente controlada, golpea con fuerza el día a día.

El Gobierno ha optado por una política de subsidios para contener los precios, especialmente en los combustibles. Sin embargo, esta medida, lejos de ser una solución estructural, parece más un parche temporal que no logra aliviar de manera significativa la carga económica de los ciudadanos.

A esto se suma un tema que genera creciente preocupación, la inversión pública. Mientras algunas regiones muestran avances visibles en infraestructura, otras, como la provincia Espaillat, continúan denunciando abandono, retrasos en obras y promesas incumplidas. La pregunta es válida: ¿se está invirtiendo donde realmente se necesita o donde políticamente conviene?

Otro punto crítico es el empleo. Aunque las estadísticas reflejan recuperación, la realidad es que gran parte de los trabajos siguen siendo informales, precarios y sin garantías. No basta con decir que hay empleo; hay que preguntarse qué tipo de empleo se está generando.

Y en medio de todo esto, la comunicación gubernamental ha jugado un papel contradictorio. Discursos que intentan ser realistas terminan generando más incertidumbre que confianza. La población no solo quiere que le expliquen la situación: quiere soluciones concretas.

El presidente Abinader, enfrenta un momento decisivo. No basta con mantener indicadores macroeconómicos positivos si la población no siente mejoría en su calidad de vida. La economía no puede seguir siendo un buen titular y una mala experiencia cotidiana.

El verdadero reto del Gobierno no es solo crecer, sino distribuir, equilibrar y hacer que ese crecimiento llegue a la mesa de cada familia dominicana.

Porque al final, la economía no se mide solo en cifras… se mide en cómo vive la gente.

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