
Por Jesús Antonio Blanquicet/Sara Valentina Quevedo Delgado
PUTUMAYO, Colomia.-A las 9:54 de la mañana de este lunes festivo se reportó lo que se perfila como la mayor tragedia aérea militar del siglo. Un avión Hércules de la Fuerza Aérea se accidentó en el departamento del Putumayo, minutos después de despegar, en un hecho que, por el número de ocupantes (128), dejó un saldo de 57 personas rescatadas con vida y, según el parte oficial, al menos 66 muertos.
Es el peor accidente aéreo (entre vuelos comerciales y oficiales) desde el 28 de noviembre de 2016, cuando se cayó el avión en el que viajaba el equipo de fútbol del Chapecoense, cerca de Medellín, dejando 71 víctimas fatales.
El que cayó en Putumayo era un Hércules C-130 con matrícula 1016 que cubría la ruta Puerto Leguízamo-Puerto Asís. La aeronave había llegado horas antes desde el Comando Aéreo de Transporte Militar (Catam), en Bogotá, con 11 tripulantes, combustible y dos camionetas de la Armada.
En esa escala se hizo el abordaje de tropas del Ejército y la Policía: tres pelotones de 115 soldados y dos patrulleros. Segundos después del despegue el avión se precipitó a tierra, aproximadamente, a 1,5 km del aeródromo, sin que hasta el momento se conozcan las causas del accidente.
EL TIEMPO conoció que varios de los integrantes de las tropas salían de descanso y otros llegaban en reemplazo para operaciones rutinarias de seguridad que se desarrollan en la región.
El ministro de Defensa, Pedro Sánchez, señaló que la aeronave contaba con condiciones técnicas para volar y la tripulación estaba capacitada. Y precisó que, de acuerdo con la información disponible hasta el momento, “no hay indicios de un ataque por parte de actores ilegales”.
“La aeronave se encontraba en condiciones de aeronavegabilidad y la tripulación estaba debidamente cualificada”, y precisó que, de acuerdo con la información disponible hasta el momento, “no hay indicios de un ataque por parte de actores ilegales”.
También explicó el origen de las detonaciones registradas en videos difundidos en redes sociales: “Como consecuencia del incendio de la aeronave, parte de la munición transportada por la tropa detonó, lo cual corresponde a lo que se escucha en algunos videos que circulan en redes sociales”.
Al parecer, algunos de los soldados —la gran mayoría eran jóvenes que prestaban el servicio militar obligatorio—, gracias a su entrenamiento, se lanzaron antes del impacto para caer de espalda sobre el equipaje y salvarse.
El reporte de la tragedia
Los primeros reportes se conocieron hacia el mediodía. El comandante de la Fuerza Aeroespacial Colombiana, general Carlos Fernando Silva Rueda, entregó un balance preliminar de 48 heridos.
Con el paso de las horas, la información fue actualizada por el presidente Gustavo Petro y el gobernador de Putumayo, Jhon Gabriel Molina, y el número de víctimas fatales fue aumentando de forma escalonada: primero a 34 y, en la última actualización, a 66.
Frente a este saldo, el ministro Sánchez indicó que “una vez se confirme el listado completo de lesionados y de víctimas fatales, se informará”.
La emergencia obligó a activar la red hospitalaria en varios puntos del país. La mayoría de los heridos fue atendida en centros médicos y dispensarios de Puerto Leguízamo y Puerto Asís, en Putumayo. Más de 40 heridos fueron ingresados al Hospital Militar en Bogotá en horas de la tarde de ayer, mientras que nueve fueron atendidos en Florencia, Caquetá.

Las primeras imágenes del lugar surgieron desde las comunidades cercanas. Videos grabados por habitantes del sector mostraron una columna de humo elevándose desde el sitio del impacto, lo que permitió dimensionar la magnitud del accidente.
En otros registros se observa cómo civiles a bordo de motocicletas y vehículos particulares comenzaron a trasladar a los uniformados heridos hacia centros de salud. La evacuación se inició antes de la llegada de los organismos de socorro, en medio de un esfuerzo de los habitantes por facilitar la atención médica de los afectados.
Posteriormente llegaron unidades de la Defensa Civil y del cuerpo de bomberos, que asumieron las labores de rescate. Los equipos organizaron el área del impacto y coordinaron la evacuación de los heridos hacia puntos con mayor capacidad de atención.
Desde Bogotá fue enviado el comandante del Comando Aéreo de Combate n.º 6. También se dispuso el traslado de un avión ambulancia, un King Air medicalizado, un C-130 con capacidad para 50 camillas y un C-295 con espacio para 24 pacientes, además de un helicóptero UH-60 también adaptado para atención médica en vuelo. A la operación se sumó una comisión de médicos que acompañó los traslados.
El Ejército reforzó el operativo con tres aeronaves adicionales, ampliando la capacidad logística en la zona y facilitando las labores de evacuación desde áreas de difícil acceso. Y en tierra, unidades de la Armada se integraron a las labores de rescate, apoyando la extracción de las víctimas.
La investigación
Sobre las causas del accidente, las autoridades señalaron que aún no hay conclusiones. “Hemos enviado un equipo investigador para empezar a determinar cuáles son las causas de este siniestro. En este momento no conocemos detalles, salvo que tan pronto despegó la aeronave, sufrió algún problema y se precipitó a tierra, más o menos a un par de kilómetros desde el aeropuerto”, indicó el oficial.
De manera paralela, la Fiscalía General Penal Militar y Policial dispuso de la Delegada 24102 de Conocimiento para abrir una indagación y establecer en qué condiciones se produjo el siniestro.
El comandante de las Fuerzas Militares, general Hugo López, también se pronunció sobre lo ocurrido: “Nos enluta y nos exige a actuar con total responsabilidad, humanidad y transparencia. Desde el primer momento se dispuso el despliegue de todas nuestras capacidades para asegurar el área, atender a los afectados y acompañar a sus familias. En medio de esta situación, agradezco la solidaridad de la comunidad y el trabajo articulado de todas las instituciones”.
El avión siniestrado había sido entregado a Colombia en septiembre de 2020 por Estados Unidos, aunque había sido puesto en servicio en 1983, acumulando 43 años de operación. Estas aeronaves son utilizadas para transporte táctico pesado y resultan claves para la movilización de carga y personal hacia zonas de difícil acceso. Fabricado por la compañía Lockheed Martin, el C-130H está equipado con cuatro motores turbohélice Allison T56-A-15, lo que le permite alcanzar velocidades de hasta 592 kilómetros por hora en trayectos de mediana y larga distancia.
Redacción Justicia@eltiempo.com