El periodismo enfermo y olvidado; una deuda del Estado sin saldar

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Por Luis Ramón López

OPINIÓN.-Durante décadas, hombres y mujeres del periodismo dominicano entregaron su vida al ejercicio responsable de la comunicación, muchas veces en condiciones precarias, enfrentando presiones políticas, amenazas, censura y salarios indignos.

Fueron periodistas que defendieron la verdad, denunciaron injusticias y contribuyeron a la construcción de una sociedad más consciente, democrática y equitativa. Sin embargo, hoy, muchos de ellos enfrentan la enfermedad, la pobreza extrema y el abandono, sin que el Estado les garantice una vejez digna ni acceso oportuno a la salud.

En este país se habla de libertad de expresión, de democracia y de prensa responsable. Se entregan premios, se celebran aniversarios y se pronuncian discursos solemnes cada 5 de abril. Pero detrás de ese ritual oficial, existe una realidad cruda y vergonzante: periodistas dominicanos que lo dieron todo por informar con ética y valentía hoy agonizan enfermos, pobres y abandonados.

No se trata de casos aislados. Es un patrón que se repite con alarmante frecuencia y que revela una falla estructural del sistema de protección social, y una profunda indiferencia institucional hacia quienes dedicaron su vida a la verdad y al interés público.

En barrios marginados, hospitales públicos y habitaciones alquiladas, yacen periodistas retirados o en ejercicio tardío, consumidos por enfermedades catastróficas: cáncer, insuficiencia renal, diabetes avanzada, enfermedades neurológicas. Muchos dependen de rifas solidarias, colectas improvisadas en redes sociales o ayudas esporádicas del gremio para sobrevivir.

El periodismo dominicano ha sido históricamente precarizado. Bajos salarios, informalidad laboral, contratos verbales, colaboraciones sin prestaciones y ausencia de cotización al sistema de seguridad social marcaron a generaciones enteras. El resultado es devastador: periodistas envejecidos, enfermos y sin derechos adquiridos.

Mientras se reconoce públicamente el valor de la libertad de prensa, en la práctica no existe una política pública integral que garantice protección social a los periodistas en situación de vulnerabilidad, especialmente a los adultos mayores y a quienes padecen enfermedades de alto costo.

Cada periodista que muere en la pobreza extrema es una derrota moral del Estado dominicano. No basta con homenajes póstumos ni mensajes de condolencias. La dignidad no se reconoce después de la muerte.

LA AYUDA DE LOS TRES ÚLTIMOS PRESIDENTES

Sería injusto afirmar que el Estado dominicano ha sido totalmente indiferente ante la situación de los periodistas en condiciones de vulnerabilidad. Los últimos tres presidentes de la República, Leonel Fernández, Danilo Medina y Luis Abinader, realizaron aportes importantes para elevar los niveles de apoyo solidario al sector periodístico, especialmente en materia de salud, pensiones y ayudas sociales. Sin embargo, esos esfuerzos, aunque valorables, han resultado insuficientes frente a la magnitud del problema.

Durante los gobiernos de Leonel Fernández, se dieron pasos iniciales para reconocer la importancia del periodismo como pilar democrático, con programas de asistencia social y respaldo institucional a gremios y comunicadores, aunque sin una política pública permanente que garantizara protección integral.

En la administración de Danilo Medina, se amplió el acceso a pensiones solidarias y se fortaleció la cobertura de salud para sectores vulnerables, lo que benefició a un número de periodistas envejecientes. No obstante, muchas de estas ayudas dependieron de gestiones particulares o coyunturas políticas, sin un marco legal que asegurara continuidad y transparencia.

Con la llegada del presidente Luis Abinader, en el 2020, se ha insistido en un discurso de mayor sensibilidad social, y se han mantenido e incluso ampliado programas de asistencia médica, inclusión en SENASA y apoyo puntual a periodistas en situaciones críticas. Sin embargo, el aumento de casos de comunicadores enfermos, empobrecidos y sin protección revela que la respuesta del Estado sigue siendo reactiva, no preventiva ni estructural.

El problema no es la inexistencia total de apoyo, sino su carácter limitado, fragmentado y muchas veces tardío. La realidad demuestra que aún hoy periodistas con décadas de servicio continúan apelando a colectas públicas para costear tratamientos médicos, mientras otros fallecen sin haber recibido asistencia adecuada.

Esto evidencia que la solidaridad estatal, aunque presente, no ha logrado transformarse en un sistema de protección social sólido, capaz de garantizar dignidad en la vejez y atención oportuna ante enfermedades catastróficas.

Reconocer los aportes de los últimos gobiernos no debe impedir señalar con claridad lo que falta. El gran desafío del Estado dominicano, es convertir la solidaridad ocasional en derechos garantizados, mediante leyes, fondos permanentes y programas bien estructurados.

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