Niños que se esfuman sin dejar rastro en el Cibao

Brianna y Roldany: La angustia de no saber dónde están Ensegundos República  Dominicana

Por Luis Ramón López

MOCA, Espaillat.-Por años, la región del Cibao ha sido sinónimo de trabajo, comunidad y arraigo familiar. Sin embargo, en los últimos tiempos, ese paisaje social se ha visto estremecido por casos de desapariciones infantiles sin explicación, que han encendido las alarmas de la población y han sembrado una profunda sensación de incertidumbre, angustia y pánico colectivo.

Entre los casos más sonados y dolorosos figuran las desapariciones del niño Roldany Calderón, ocurrida el 30 de marzo de 2025, en Los Tocones, en Manabao, Jarabacoa, mientras jugaba y la de la niña Brianna Genao Rosario, registrada el 31 de diciembre de 2025, en el municipio de Barrero, Puerto Plata.

Dos historias distintas, pero un mismo denominador común; la ausencia total de rastros claros que permitan a sus familias y a la sociedad encontrar respuestas.

ROLDANY DE MANABAO

La desaparición del niño Roldany, en la comunidad montañosa de Manabao, sacudió no solo a Jarabacoa, sino a toda la región norte. Desde el momento en que se reportó su ausencia, se activaron operativos de búsqueda que incluyeron organismos de seguridad, voluntarios, comunitarios y equipos especializados.

A pesar de los esfuerzos desplegados, el tiempo transcurrió sin resultados concluyentes, lo que dio paso a la desesperación de una familia rota por la incertidumbre y a un creciente temor colectivo. Manabao, un lugar tradicionalmente tranquilo, quedó marcado por preguntas sin respuesta y por el silencio que deja la ausencia de un niño.

LA NIÑA DE BARRERO PP

Cuando el país se preparaba para despedir el año 2025, la desaparición de la niña Brianna Genao, el 31 de diciembre, cayó como un golpe devastador. La fecha, simbólica para la unión familiar y la esperanza, se transformó en un recordatorio doloroso de la fragilidad de la seguridad infantil.

Este caso provocó una ola de consternación nacional, amplificada por las redes sociales y los medios de comunicación, donde cada detalle era analizado y cada silencio generaba nuevas dudas. Al igual que en el caso de Roldany, la falta de pistas claras alimentó la angustia y la sensación de vulnerabilidad.

Ante la ausencia de información concluyente, la conjetura comenzó a ocupar el espacio del silencio. En barrios, campos, programas de radio y plataformas digitales, se fue instalando una creencia cada vez más extendida: la percepción de que el país podría estar enfrentando la acción de una supuesta banda dedicada a la sustracción de órganos.

Esta versión, aunque no confirmada oficialmente, ha calado profundamente en el imaginario colectivo. Para muchos ciudadanos, la reiteración de desapariciones sin rastros aparentes ha sido suficiente para generar temor generalizado, especialmente entre padres y madres que hoy viven con el miedo constante de dejar a sus hijos fuera de su vista.

Expertos en temas sociales advierten que, en contextos de incertidumbre, el miedo tiende a multiplicarse, y las teorías, aunque no comprobadas, se convierten en refugio emocional ante la falta de respuestas claras.

Más allá de las hipótesis, lo que une a la población es un clamor colectivo: que las autoridades profundicen las investigaciones, que se agoten todas las líneas posibles y que se fortalezcan los mecanismos de prevención y protección de la niñez.

Los casos de Roldany y Brianna Genao, han dejado una huella profunda en la conciencia nacional. No solo por la tragedia que representan para sus familias, sino porque han puesto sobre la mesa una pregunta inquietante:
¿qué tan seguros están hoy los niños en la República Dominicana?

Mientras no lleguen respuestas definitivas, el Cibao y el país entero, seguirá viviendo bajo la sombra de la duda, aferrado a la esperanza de que la verdad salga a la luz y de que ningún niño más desaparezca sin dejar rastro.

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