La solidaridad una ruta hacia la paz social en la República Dominicana

POR LA SOLIDARIDAD Y UNA CULTURA DE PAZ - Fundación Proclade

Por Luis Ramón López

MOCA, Espaillat.-En un país como la República Dominicana, donde las desigualdades se sienten a simple vista y donde las carencias golpean con más fuerza a los sectores vulnerables, la solidaridad de quienes poseen mayores recursos económicos, se convierte en un factor decisivo para transformar realidades.

Cada peso invertido en salud, cultura, deporte, arte o recreación, no es un gasto, sino una semilla de bienestar colectivo que, sembrada en el terreno adecuado, germina en oportunidades para la niñez, la juventud y los envejecientes.

La propuesta es sencilla pero poderosa, que el sector pudiente económicamente destine un porcentaje de sus ganancias a obras sociales concretas, visibles, estructuradas y sostenibles, especialmente en barrios y comunidades donde la falta de infraestructura y apoyo estatal incrementa los riesgos sociales.

No se trata solo de donar, sino de invertir estratégicamente en áreas que fortalecen el tejido social y previenen que los más vulnerables caigan en los peligros que el entorno les presenta.

Hoy, más que nunca, la salud, la cultura, el arte, el deporte y los espacios de recreación representan muros de contención frente a problemáticas como la violencia, los vicios, la drogadicción, la criminalidad y la descomposición social.

Estos males descritos se expanden como un humo negro que oscurece el ambiente social, contaminando valores y desestabilizando emocionalmente a quienes crecen sin oportunidades, sin guía y sin esperanza.

Cuando un empresario decide financiar un centro deportivo, una casa de la cultura, un programa de arte para niños, un proyecto de alfabetización digital, un dispensario médico o un parque comunitario, está realizando un acto de impacto profundo que va más allá de la infraestructura. Está ofreciendo alternativas sanas, construyendo puentes hacia el futuro y contribuyendo a un clima de paz y sosiego donde los jóvenes puedan crecer con propósito, y donde los envejecientes encuentren espacios dignos para vivir sus días.

La República Dominicana, tiene innumerables ejemplos de comunidades que se han transformado gracias a inversiones sociales responsables, realizadas por hombres y mujeres que comprenden que la prosperidad real debe compartirse. Sin embargo, todavía hace falta un mayor compromiso colectivo.

La solidaridad del que puede no solo alivia necesidades inmediatas, sino que previene conflictos futuros, contribuye a la estabilidad social y disminuye los niveles de criminalidad que hoy preocupan a toda la nación.

Invertir en la gente, en su bienestar, su educación, su recreación y su cultura, es invertir en un país más seguro, más justo y más humano. La riqueza que se comparte se multiplica, y la solidaridad, cuando se convierte en hábito, termina siendo la fuerza más poderosa para cambiar el destino de una comunidad entera.

LA SOLIDARIDAD EN LOS PAÍSES DESARROLLADOS

Ejemplos claros de esta visión solidaria los encontramos en numerosos países desarrollados, como Estados Unidos, Canadá, Inglaterra y otras naciones de alto nivel económico, donde los multimillonarios y grandes corporaciones asumen un rol activo en la inversión social.

Figuras como Bill Gates, Warren Buffett, Mark Zuckerberg, Michael Bloomberg, entre muchos otros, destinan fortunas a programas educativos, científicos, de salud, arte, deporte, tecnología, innovación y desarrollo comunitario. Estas donaciones no se realizan en silencio; por el contrario, se promueven a la luz pública, convirtiéndose en modelos de responsabilidad social que inspiran a otros y fortalecen el sentido de compromiso colectivo.

Este tipo de inversión, visible, estructurada y estratégica, es la que debemos de promover en la República Dominicana, las que han demostrado en la practica, ser decisiva para reducir brechas sociales, mejorar la calidad de vida y mantener sociedades más equilibradas, pacíficas y con mayores oportunidades para todos.

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