
Por Luis Ramón López

MOCA, Espaillat.-La huelga convocada por 24 horas este pasado lunes en Moca, dejó tras de sí un escenario que invita a una profunda reflexión social. Más allá de los debates sobre si la protesta fue un éxito o un fracaso, lo ocurrido en el municipio evidenció una realidad que trasciende números, cierres y movilizaciones; cuando una comunidad se paraliza, todos pierden.
Desde las primeras horas de la mañana, el panorama fue claro. Aunque no se trató de un cierre total del municipio, las señales del paro se sintieron en distintos sectores. En un ejercicio sociológico simple y cercano a la realidad vivida, si se estiman por ejemplo 100 centros comerciales, y 40 de ellos cerraron, la afectación ya es significativa.
A ello se sumó una presencia mínima de trabajadores en sus puestos habituales, calles con escaso movimiento de personas y pocos vehículos transitando. Muchos negocios que decidieron abrir operaron prácticamente vacíos, sin clientes.
Este cuadro demuestra que, independientemente del porcentaje de participación o grado de convocatoria, la población misma es la principal afectada. Los comercios pierden ingresos, los proveedores dejan de distribuir, los trabajadores sacrifican un día laboral, los productores ven retrasos y la economía local se contrae, aunque sea temporalmente. Y si una jornada de huelga afecta a tantos con tan poco margen, la señal debe interpretarse más allá del acto mismo, hay malestar, hay tensiones y hay reclamos que necesitan ser escuchados.
Pero al mismo tiempo, la reflexión apunta hacia otro aspecto fundamental: las huelgas no resuelven por sí solas los problemas estructurales. Lo que sí hacen es exponerlos, hacerlos visibles, obligar a mirarlos de frente. De ahí surge la enseñanza central que deja esta protesta; el diálogo debe prevalecer sobre las pasiones, los sesgos y las confrontaciones.
La paralización de Moca no debería interpretarse como un pulso entre sectores enfrentados, sino como un llamado urgente a buscar soluciones mediante el consenso. Las necesidades que movilizan a una parte de la población, sean económicas, sociales, comunitarias o de seguridad, no pueden ignorarse. Tampoco pueden atenderse únicamente mediante presiones.
El desafío es encontrar puntos de encuentro que permitan avanzar sin que la productividad, la convivencia y la estabilidad comunitaria se vean comprometidas. Moca es un municipio con una intensa actividad agropecuaria, comercial y empresarial, y cada día paralizado deja una huella profunda en su tejido económico y social.
En síntesis, la jornada del lunes debe interpretarse como un recordatorio,
cuando la comunidad se divide, todos pierden; cuando se dialoga, todos ganan.
El camino sigue siendo el entendimiento, la escucha y la búsqueda conjunta de soluciones que beneficien al municipio y a su gente.
MOCA NECESITA TRANSFORMARSE Y MODERNIZARSE
El Gobierno y sus autoridades, más que nunca, están llamados a sentarse a escuchar el sentir y las aspiraciones del pueblo, no como un gesto circunstancial, sino como una obligación democrática para atender sus necesidades más básicas y sentidas.
Moca, con su peso histórico, productivo y social, necesita transformarse y modernizarse, mediante un proceso inclusivo y planificado, donde todos los sectores vivos, productores, comerciantes, juntas de vecinos, líderes comunitarios, juventudes, iglesias, instituciones sociales y la ciudadanía en general, formen parte activa de la construcción de soluciones.
El municipio demanda una visión de desarrollo que priorice la infraestructura, la seguridad, el impulso económico, la movilidad, los servicios públicos y la calidad de vida. Y esa transformación solo será posible si se construye desde el diálogo, la participación real y la articulación colectiva.
Porque Moca, no solo exige cambios; está preparada para ellos, siempre que se le escuche, se le respete y se le incluya en la ruta hacia un futuro más digno y moderno para todos.