El decoro de la justicia, la prudencia y respeto del juez con el abogado

Juez enojado de dibujos animados Vector de stock #120356494 de ©Krisdog

Por Luis Ramón López

OPINIÓN.-La toga, símbolo de imparcialidad y majestad de la justicia, debería ser un recordatorio permanente de ética, respeto y neutralidad. Sin embargo, en la República Dominicana, voces críticas sostienen que son los propios jueces quienes, en ocasiones, han erosionado el prestigio de la toga, con actitudes, decisiones y conductas que parecen apartarse de la solemnidad que la función exige.

En la tradición jurídica, vestir la toga significa representar al Estado de Derecho por encima de intereses personales. En el juez, la sociedad deposita la confianza de que aplicará la ley con objetividad y decoro. Pero, ¿qué ocurre cuando son los mismos magistrados quienes ponen en entredicho esa majestad?

Abogados litigantes y académicos coinciden en que, en distintos niveles de la judicatura, se han visto actitudes preocupantes, desdén hacia las partes procesales con respuestas altisonantes, interrupciones groseras y un trato poco digno a imputados, testigos o defensores.

Es notorio en muchos de los casos el favoritismo evidente, en las conductas que denotan parcialidad hacia determinadas partes del proceso, debilitando la credibilidad de la sentencia, exceso de protagonismo, jueces que buscan acaparar el debate en lugar de garantizar equilibrio procesal y su prepotencia y arrogancia es notoria a la saciedad.

“Muchos magistrados olvidan que la toga no es un escudo de poder, sino un compromiso con la prudencia y el respeto, y que primero fueron abogados”, comentó un abogado litigante consultado.

Sin embargo, también hay que reconocer el contexto: los jueces dominicanos trabajan en un sistema saturado, con exceso de casos, presión mediática y política, además de limitaciones de recursos. Estas condiciones pueden tensar el ambiente en sala de audiencias y llevar a conductas inadecuadas.

La Escuela Nacional de la Judicatura, insiste en que la ética del juez incluye la capacidad de ejercer prudencia bajo presión. El Código de Ética del Poder Judicial Dominicano, establece que los magistrados deben mantener una relación profesional basada en la cortesía, el respeto mutuo y la comunicación clara.

Expertos en derecho coinciden en que se requiere reforzar la formación ética y de habilidades blandas en la Escuela Nacional de la Judicatura, así como mecanismos efectivos de control disciplinario, que se tiene que aplicar sin contemplación.

En la dinámica procesal, los enfrentamientos verbales son inevitables: los abogados defienden intereses, mientras el juez debe imponer orden. Sin embargo, cuando un juez se excede en su trato, alzando la voz, descalificando o ridiculizando a un abogado, la toga pierde solemnidad y la justicia corre el riesgo de parecer autoritaria más que imparcial.

El respeto entre jueces, abogados y partes no es un asunto menor: es la base de la credibilidad del sistema judicial. Sin esa confianza, las sentencias, aunque estén ajustadas a derecho, corren el riesgo de ser vistas como arbitrarias.

El problema no es solo de los ciudadanos que critican o cuestionan a la justicia; también lo es de algunos jueces que, al olvidar el decoro y el respeto, desdibujan el sentido mismo de la toga y los principios y normas jurídicas. Se creen batuta y Constitución.

Restaurar la majestad de la justicia implica que los propios magistrados asuman que la toga es más que un uniforme: es un pacto con la sociedad, una promesa de dignidad y equilibrio. Porque cuando los jueces irrespetan la toga, el costo no es individual, sino colectivo: se pierde confianza en el derecho y la justicia.

La toga, tanto del juez como del abogado, simboliza honor y servicio a la justicia. Cuando un juez actúa con prudencia frente a los abogados, no solo honra su propia investidura, sino que fortalece la majestad de todo el sistema judicial.

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