¿Por qué el ser humano prefiere la ignorancia?

Por Joeldi Oviedo Grullón
«La comodidad de no saber frente a la incomodidad de pensar«

OPINIÓN.-En una sociedad sobreinformada, donde las respuestas están a un clic, parece contradictorio que la ignorancia siga siendo tan común. Pero no es casual. El ser humano, por naturaleza, tiende a rechazar todo aquello que le obligue a replantearse su mundo. La ignorancia, aunque peligrosa, brinda comodidad emocional, estabilidad psicológica y refugio frente a la responsabilidad de pensar.

A lo largo de este artículo te voy a presentar por qué muchos prefieren «no saber» y qué implicaciones tiene este fenómeno para la democracia, la educación y la libertad individual.

La ignorancia como defensa emocional

Desde la psicología, se entiende que la verdad puede generar angustia. Saber conlleva asumir nuevas realidades que, en ocasiones, rompen con la idea que una persona tiene de sí misma, de su entorno o de su país.

Esta tensión se conoce como disonancia cognitiva, y es un mecanismo que el cerebro evita activando una respuesta emocional: negar, justificar o simplemente ignorar lo que contradice nuestras creencias previas.

Es más fácil descalificar al que piensa, que cuestionarse a uno mismo.

El placer cerebral de lo sencillo

Existen programas sumamente interesantes que abordan estos temas con profundidad y enfoque crítico. Tal es el caso de El Recetario de Guerrero Heredia, transmitido por Alofoke Network, y Panorama Semanal, por Color Visión, ambos con una visión social edificante. En uno de sus enfoques, por ejemplo, se resalta cómo la neurociencia ha demostrado que el cerebro humano tiende a buscar eficiencia energética: reflexionar, dudar, contrastar fuentes o analizar discursos requiere un esfuerzo que muchos prefieren evitar. Por eso, aceptar ideas prefabricadas resulta más fácil y placentero.

No es casual que los contenidos más consumidos en redes sociales sean los más superficiales. La ignorancia se presenta así como un recurso de economía mental, una forma de conservar energía en un mundo hiperestimulante.

La ignorancia como instrumento del poder

Desde la sociología y la política, es evidente que una ciudadanía desinformada es más fácil de controlar. La ignorancia colectiva no es solo un accidente educativo, sino también una conveniencia para ciertos sectores de poder.

El pensamiento crítico implica cuestionar autoridades, revisar estructuras, exigir coherencia. Por eso, históricamente, el sistema ha privilegiado la obediencia por encima de la lucidez.

Un pueblo que no piensa, tampoco reclama.

Filosofía de la caverna: el miedo a la luz

Platón, en su célebre alegoría de la caverna, describe a personas encadenadas que solo ven sombras proyectadas en una pared. Cuando una de ellas se libera y ve la luz, los demás no solo no le creen: lo rechazan y hasta lo odian.

La metáfora sigue vigente. Quien piensa diferente suele ser etiquetado como raro, subversivo o arrogante. Pero la verdadera causa de ese rechazo es el miedo: miedo a salir de la comodidad, a descubrir que todo lo que se creía cierto podría estar equivocado.

En conclusión por esto hay un precio, el precio de no saber.

Preferir la ignorancia puede parecer inofensivo. Pero tiene consecuencias graves: permite la manipulación, justifica la desigualdad y perpetúa sistemas injustos. El conocimiento, en cambio, aunque incómodo al principio, empodera, libera y transforma.

En tiempos donde pensar es casi un acto de rebeldía, tener sentido crítico no es solo una virtud: es una necesidad urgente.

Porque quien prefiere no saber, termina viviendo a oscuras… y sin darse cuenta.

El autor: Derecho, intelectual y analista sociopolítico

Deja un comentario