

Por Luis Ramón López
SANTO DOMINGO OESTE.-En las calles de Herrera, un sector popular de Santo Domingo Oeste, una mujer desafía los estereotipos y el bullicio del tránsito urbano a bordo de su motocicleta. Conocida como «La Motorista de Herrera», Melany Mejia, de 30 años, ha encontrado en el motoconcho no solo una fuente de ingresos, sino también una vía para empoderarse y sostener a su familia.
La pandemia de COVID-19, dejó a muchas familias dominicanas en situaciones económicas precarias. Melany no fue la excepción. Con su esposo desempleado y dos hijas, una de 15 y 9 años de edad, que alimentar, decidió incursionar en el motoconcho, una actividad tradicionalmente dominada por hombres.

Esta decisión no solo le permitió llevar el sustento a su hogar, sino que también le brindó la flexibilidad necesaria para continuar sus estudios en la escuela en la tanda nocturna, luego de cerca de 8 horas de trabajo en las calles.
Ser motoconchista en la ciudad no es tarea fácil. Los conductores deben manejar a la defensiva y lidiar con el tráfico caótico, además de enfrentar prejuicios por parte de otros conductores.
A pesar de las inclemencias del tiempo y los riesgos inherentes al oficio, Melany Mejia continúa su labor con determinación, consciente de que su trabajo es esencial para el bienestar de su familia.
La historia de Melany Mejia, «La Motorita de Herrera», es un testimonio de resiliencia y determinación. Su incursión en el motoconcho no solo le ha permitido sostener a su familia, sino que también ha abierto camino para que otras mujeres consideren este oficio como una opción viable.
En un país donde las mujeres representan el 17% de los propietarios de motocicletas, historias como la de Melany, son fundamentales para inspirar cambios y promover la igualdad de género en todos los ámbitos de la sociedad.