
Por Luis Ramón López
MOCA, Espaillat.-En un mundo acelerado, lleno de distracciones y ruido, muchos cristianos se preguntan si el verdadero significado de la muerte y resurrección de Jesucristo, está siendo opacado por las tradiciones, el consumismo y el bullicio de la vida moderna. ¿Estamos recordando su sacrificio o solo celebrando rituales vacíos?
Desde el niño Dios, en el pesebre hasta el Cristo sangrante del Viernes Santo, hemos envuelto a Jesús en rituales, promesas y procesiones. Pero, ¿cuántos de quienes cargan imágenes en hombros realmente cargan su cruz cada día (Lucas 9:23)?. La tradición puede ser pedagogía, pero si no lleva a imitar su amor radical, es teatro sagrado.
La Semana Santa, una de las fechas más importantes para el cristianismo, conmemora el sufrimiento, muerte y resurrección de Jesús. Sin embargo, en muchos lugares, el enfoque se ha desplazado hacia procesiones, feriados y reuniones familiares, dejando en segundo plano la reflexión sobre el perdón y la redención que ofrece la cruz.
En esta memorable fecha, las calles se llenan de devotos que gritan «¡Viva Cristo Rey!», pero olvidan al migrante que es Cristo, disfrazado de pobre (Mateo 25:40). «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en él no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).
Aun así, hay quienes buscan mantener viva la esencia. Iglesias y comunidades organizan vigilias, cultos de reflexión y actos de servicio, recordando que la cruz no es solo un símbolo, sino un llamado al amor y la entrega.
El sacrificio de Jesús, no debería perderse en la multitud. Es un recordatorio eterno de amor, perdón y esperanza. Quizás el desafío no sea culpar a las tradiciones, sino rescatar, en medio de ellas, el verdadero significado de la Pascua: Cristo murió por nosotros, y su resurrección nos da vida.
La clave para mantener su relevancia viva radica en la capacidad de la comunidad cristiana para adaptar su mensaje a las necesidades y contextos contemporáneos, asegurando que su significado trascienda las barreras del tiempo y la cultura. Se requiere también una combinación de innovación tecnológica, enfoque comunitario y diálogo intergeneracional.
Jesús, no es un recuerdo del pasado… ¡Él está vivo! y si solo seguimos tradiciones sin corazón, la Semana Santa, se convierte en un teatro religioso, que se pierde en medio de la multitud sin estímulos y las distracciones que nos rodean.