2028: El Año en que la vieja política morirá y nacerá una Nueva Era de Poder

Por Joel Oviedo Grullón

OPINIÓN.-La política dominicana ha sido históricamente un juego de élites. Las mismas familias, los mismos apellidos, los mismos discursos reciclado y huecos cada cuatro años. Sin embargo, algo está cambiando. Las sociedades evolucionan, y con ellas, la forma en que el poder se distribuye y se percibe.

Desde la sociología política, el liderazgo no es estático. Los sistemas de poder se transforman cuando la sociedad deja de identificarse con quienes la representan. Como diría Michel Foucault, el filósofo del poder «el poder no es una estructura monolítica que se impone desde arriba, sino una red de relaciones que se modifica según las dinámicas sociales.» Y en República Dominicana, esa red se está reconfigurando. Los políticos tradicionales han pasado décadas repitiendo promesas de transparencia, educación y progreso. «Sin embargo, lo que se vive en las calles cuenta una historia muy distinta: desigualdad, falta de oportunidades y un sistema aparentemente diseñado para favorecer siempre a los mismos o mantener a la población sometida. Por supuesto, éste es un tema que bien ameritaría otro artículo.

Pero resistirse al cambio no es una novedad. En cada época, hubo quienes se aferraron a lo viejo y miraron con sospecha lo nuevo. En los años 60 y 70, hubo quienes pensaron que la democracia era una locura peligrosa y que la juventud de ese tiempo estaba “perdiendo el rumbo.” En los 90, la globalización y el acceso a la información generaron un pánico similar: los que habían crecido en la era del bipartidismo no entendían cómo el mundo podía abrirse a nuevas formas de hacer política y economía. Hoy, el cambio se llama digitalización, comunicación directa y nuevas figuras políticas que desafían lo establecido. La historia se repite, solo que ahora el miedo al cambio lo tienen quienes antes lo defendían.

La indiferencia hacia la política: un peligro latente en nuestra nación

Si alguien duda de que la política está desconectada de la gente, basta con mirar la creciente desafección política en América Latina. Un estudio titulado «La desafección representativa en América Latina» muestra cómo millones de ciudadanos se sienten cada vez menos representados por los políticos tradicionales. Ya no es solo una cuestión de inconformidad, sino un verdadero colapso del modelo de representación.

Otro informe, Desafección política en América Latina: Cultura y eficacia política, destaca cómo la participación electoral está cayendo y la confianza en las instituciones sigue desplomándose. Este no es un problema exclusivo de República Dominicana, pero aquí se hace más evidente con cada elección.

No es casualidad que el discurso político tradicional esté perdiendo fuerza. El electorado ya no cree en promesas vacías ni en políticos que solo aparecen en campaña. Esto explica por qué cada vez más figuras ajenas a la política formal están captando la atención del público.

El ascenso de una nueva generación política

El caso de Argentina con Javier Milei lo demuestra. Un outsider que, sin la maquinaria política tradicional, conectó con el pueblo cansado de las mismas fórmulas que solo beneficiaban a unos pocos. No fue la política la que le dio espacio, fue el descontento social el que lo llevó al poder. Trump, con su manera particular, ¿y por qué no hacer presente a Bukele en El Salvador?

En República Dominicana, hay políticos que han entendido esta nueva realidad y han empezado a adaptarse sin perder credibilidad. Juan Ariel Jiménez, por ejemplo, a pesar de su porte conservador y su formación técnica, se ha mantenido como una figura fresca, con ideas bien estructuradas y capacidad de conectar con un electorado que exige más que promesas vacías. Por otro lado, Yayo Sanz Lovaton ha demostrado que la política moderna no se trata solo de discursos institucionales, sino de cercanía. Como director general de aduanas, no se ha limitado a la burocracia tradicional, sino que ha dado el salto al mundo digital con su propio podcast, algo impensable en generaciones anteriores.

También vemos a perfiles como Santiago Matías (Alofoke) ha empezado a coquetear con la política, que, sin venir de la política tradicional, han logrado influir en la conversación pública con una estrategia clara: ser auténticos y hablar el lenguaje de la gente. Su influencia no viene de la estructura partidaria, sino de su capacidad de movilizar a una audiencia que se siente ignorada por los políticos de siempre.

El 2028 no es solo una elección más. Es la manifestación de un cambio generacional que viene gestándose hace tiempo. No se trata solo de poner caras nuevas, sino de abrir espacio a nuevas formas de hacer política. La gente ya no quiere discursos vacíos; quiere propuestas concretas, transparencia real y, sobre todo, gobernantes que entiendan cómo es la vida del ciudadano común.

Y ahora, la pregunta incómoda:

Si en las elecciones de 2028, en la boleta presidencial, aparecen los mismos nombres de siempre y al lado de ellos, una figura disruptiva, ajena a la política tradicional, que habla como tú, que entiende tus problemas, que no se esconde detrás de un teleprompter ni de asesores… ¿a quién vas a elegir?

Tal vez la verdadera pregunta no es si la política está lista para cambiar. Tal vez la pregunta es si tú estás listo para votar por algo diferente.

Deja un comentario