
Por Luis Ramón López
EL SANTO CERRO, La Vega.- Subir a esta atrayente montaña de fresca brisa y aroma a bosque húmedo de donde se ve la planicie del magestuoso Valle del Cibao, se respira
espiritualidad y devoción a la
virgen de Las Mercedes, patrona y protectora de la República Dominicana.
El 24 de septiembre de cada año, suben en peregrinación, cientos de dominicanos y extranjeros a las empinadas montañas del Santo Cerro, para allí encontrarse en su cúspide con un pequeño cerro que guarda la fe y culto al cristianismo desde el inicio del descubrimiento de la isla en 1492, en un pequeño santuario levantado por su devoción a la virgen de Las Mercedes.
Este santuario de color blanco-beige y techo de tejas rojas fue construido en la cima de una colina donde Cristóbal Colón plantó debajo de un frondos árbol una cruz de madera que fue un regalo de la reina Isabel la Católica.
Según la leyenda en 1495 durante una batalla entre los nativos indigenas y los colonizadores españoles apareció la Virgen de las Mercedes, espantado a los guerreros taínos.
El templo católico que existe hoy fue construido en el año 1880 por Onofre de Lora, y es cuidado por las Hermanas Mercedarias de la Caridad.
Aunque la cruz ha desaparecido, el Santo Hoyo está dentro de la iglesia, cubierta con una parrilla de alambre y preservado por las monjas y sacerdotes.
Además del santurio, el Santo Cerro cuenta con un museo y un mirador que ofrece majestuosas vistas panorámicas del Valle del Cibao. Fue de ahí que Cristóbal Colón exclamó: “Es la tierra más hermosa que ojos humanos jamás hayan visto.”