Con Elba en el Museo de Mon

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Por Tony Raful

Elba Lucía López es una mujer de intensidad y proyectos continuos, su madre, Elba Peña de López, es una maestra de escuela, que en Moca ejerció la autoridad moral de la enseñanza y de los principios. Su padre lo era don Andrés López, maestro y director de planteles escolares, cuya herencia de valores es una corriente perenne de paradigmas.Museo Presidente Ramón Cáceres

Un día, un liceo Moca llevará su limpio nombre El sábado nos aglomeramos en Estancia Nueva, en el Museo del Presidente Ramón Cáceres, uno de los santuarios históricos más conmovedores de esta ciudad, para presentar la obra literaria de Elba López. Moca es un recipiente de eventos sociales trascendentes. Aquí un grupo de valientes ajustició al tirano Ulises Hereaux el 26 de julio de 1899.

La lápida bronceada esculpe para la eternidad los nombres de los conjurados. De aquí salió el disparo de escopeta que liquidó al monstruo Trujillo, que durante 31 años oprimió la Patria. Siempre se recordará al presidente Cáceres como la víctima de una violencia sin sentido, opereta trágica del azar, independientemente de las objeciones o desacuerdos con el modelo de su período autoritario.

El profesor Juan Bosch escribió: “ÖA Cáceres no se le debió matar nunca. Todavía se resiente el país de aquella tragedia. Duele en el corazón dominicano pensar dónde estaríamos hoy si el vigoroso capitán mocano hubiera llenado su ambición de progreso, Pero más aún, duelen los años trágicos que se desencadenaron sobre el cadáver de aquel hombre”.

En su pueblo hay una veneración que prolonga el amor más allá de la cita episódica de las coyunturas, tal y como lo conversé con mi amigo, Don Mario Cáceres, empresario agrícola y ciudadano ejemplar. Cuando uno recorre el museo de Mon Cáceres, y sus recamaras, siente el oleo de un buen hombre.

El sábado tres de septiembre, Elba Lucía, nos convocó para entregarnos su texto. ¿Habrá un lugar más hospitalario que el contorno, los laterales, la plaza espiritual del Museo, para organizar una puesta en circulación de un libro sobre mocanos y mocanas ilustres? Elba es Ingeniera industrial, mujer competente y capaz, pero también es líder comunitaria, defensora de las tradiciones de su pueblo, generadora de energías dúctiles para transformar el pensamiento, para crear luego la argamasa de una identidad fuerte y emblemática. Ella canta, escribe versos, ella nunca se da por vencida, siempre está logrando lo imposible.

Me pidió que le prologara el libro: “Enigma, voluntad de hierro”. En esta obra desfilan figuras significativas de la provincia, seres destacados en distintas áreas del conocimiento y de la creación cultural, del trabajo social o simplemente portadoras del valor axiomático de la fe, de la decencia, del hogar.

Su tesis funcional es su convicción de que la voluntad transforma, que el enigma, sello genético que nos entrega al albur, puede y debe ser aireado por la decisión, por el acatamiento de la voluntad, que debe ser de hierro, es decir, fuerte, inquebrantable, sin desmayos.

En un recinto danzarín, de instrumentos musicales, de fuertes emociones, Elba Lucía nunca ella estuvo más hermosa que el sábado en la tarde, hubo un centelleo, un embeleso que nos dejó a todos cautivos, de una impronta de sueños y de una belleza fulgurante de amor por la vida.

En la parte final de mi presentación dije lo siguiente: “Elba puntualmente define el proceso, se somete a una exhaustiva confesión de pérdida y de reconquista de su ser más íntimo, acepta las coordenadas del destino pero sabe que no está obligada a asentirlas, si se aprovisiona con la fe en los otros, porque rescatarla nos hace fuertes. Pero además, Elba nos confirma que la vida es un desafío permanente, a las caídas hay que sobreponerse, a cada insuficiencia subjetiva hay que contraponerle la energía exultante que muta y renace en el espíritu. Qué bella es la imagen que proyecta este escrito, cuando la autora dice: “mi desafío por la vida me compromete alcanzando el cielo con un solo suspiro”.

Ese suspiro es fe y energía cristalizando el paraíso sublime de Dios. Elba sabe y lo dice, cuando da las gracias, y admite que su ser es una caricatura, es decir, algo que no ha terminado de consumarse, algo que está en construcción hacia recintos inmarcesibles, solamente capturados por un suspiro, por una constancia infalible de divinidad.

Hegel decía que no nacíamos con alma, que esta materia intangible era una acumulación de energías y de fe, que había que irla construyendo, creándola con infinito amor y bellezaÖ Como en toda acuarela social, en esta digna comunidad, hay niveles, matices y desigualdades, pero predominan en el texto de la autora, entregas referentes, prototipos, figuras señeras, dignas de evocar y de seguir, liderazgos responsables, parejas de amor con facultades humildes, soñadores con pasión, líderes carismáticos, visionarios con capacidad de respuesta, damas nobles y honestas, maestras de formación cristiana, guerreros con fe, ser humano con clase y quienes apuestan a vivir para servir, líderes comunitarios , intelectuales de prestigio. En fin, una miscelánea figurativa de un segmento social de un pueblo progresista.

Gracias a Elba López por esta constancia de fe, de energía, de búsqueda, de identificación de valores. Son semblanzas, saetas disparadas hacia la vida, hacia el torrente incesante de la creación, son memorias, intentos válidos de consagración del amor, como único recipiente de la voluntad de crear, de forjar nuevos universos en el rocío de una metáfora, vuelo fulgurante del verbo, mansa embarcación del corazón ardiente”.

 

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