
Por Nicolás Arroyo Ramos
MOCA.-Un grupo de 35 jóvenes, valientes, decididos y aspirantes de la democracia y la libertad,mocanos encabezados por Jacobito De Lara, quien al mo
mento del complot solo contaba con 17 años y fue la persona que disparó la bala mortal, Ramón
Cáceres, Horacio Vásquez, Manuel Cáceres, Blas de La Maza, Vicente de La Maza, Juan María Contín, entre otros, protagonizaron en esta ciudad de Moca, el 26 de Julio de 1899, la heroica hazaña de terminar con la vida del dictador Ulises Heureaux (Lilís), uno de los políticos con mayor influencia, liderazgo, poder, sanguinario, ambicioso, controversial y temerario de la vida nacional.
La muerte del presidente de la República y dictador Lilís, quien había nacido en Puerto Plata, 21 de octubr
e de 1841, ocurría el histórico miércoles 26 de Julio, durante una conspiración montada en el mismo corazón de esta Villa de Moca, alrededor de las tres de la tarde, Día de Santa Ana, cuando el pueblo estaba aparentemente tranquilo y un significativo grupo de la juventud sana, tranquila, trabajadora y en su mayoría rural, se reclamaba en contra del dictador y reclamando la democracia y libertad.
Al momento de ser asesinado en Moca, Heureaux andaba por este pueblo como parte de un recorrido iniciado el día 21 de julio de 1899 con el objetivo de salvar algunos disgustos que afectaban a su gobierno por la situación económica, recibía el tiro mortal de manos de su ahijado Jacobito De Lara, quien era acompañado en esta obra por otros jóvenes mocanos. La bala disparada por el imberbe joven, penetró al corazón del temible dictador y terminó con su vida, permitiendo esto finalizar una dictadura.
Otros mocanos que participaron en el ajusticiamiento del dictador Ulises Heureaux fueron Eduardo Contín, Luis María Cabrera, Diocleciano Cabrera, Dámaso Cabrera, Pablo Arnaud, José Brecha, Domingo Pichardo, Francisco Pérez, José Baldomero Amarante, Manuel de Jesús Michel, Doroteo Rodríguez, Azael Rodríguez, Domingo Rodríguez, David de León, Manuel Montalvo, Rafael Montalvo, Andrés Gómez, Santiago Jiménez, Tito Solano, Quime Cáceres, Arcedo Rodríguez, Marcos Almánzar, Silvestre Vásquez, Flor Veras y Ramón Peralta.
El cadáver del Presidente Heureaux fue trasladado a la ciudad de Santiago de los Caballeros, por el gobernador de esa ciudad, general Perico Pepín, quien se abrió paso a tiros con lo que él y sus hombres despejaron el camino y tomaron el cadáver del Presidente. Con el hecho histórico del asesinato del dictador Lilís, los mocanos cerraron un capítulo de sangre, persecución y luto en la sociedad dominicano y abrieron un nuevo siglo con aire democrático y libertario
BIOGRAFIA DE HEUREAUX:
Ulises (Lilís) Heureaux, militar y político dominicano nacido en Puerto Plata (1844 -1899), presidente de la República en dos ocasiones (1882-1884 y 1887-1899). Durante su segundo mandato impuso un férreo sistema dictatorial en el país.
Era hijo de Dassas Heureaux y Josefa Level y entregado en adopción, no legal, y durante algún tiempo se llamó Hilarión. Reconocido legalmente por su padre, quien le dio el nombre de Ulises. Muy joven se sumó a las filas restauradoras, donde estuvo al mando de diversos jefes, incluido Gaspar Polanco, hasta caer bajo las órdenes de Gregorio Luperón.
Al lado de Gregorio Luperón desempeñó las funciones de militar y político, aunque luego, alcanzada la presidencia de la República, traicionaría los postulados de Luperón.
En 1880, iniciado en el camino del poder, respaldó al padre Fernando Arturo de Meriño como candidato a la presidencia de la República, pasando a ser su ministro de Interior y Policía, ejecutor, en ocasiones por cuenta propia, de las medidas de fuerza que se creyeron necesarias para retener el poder.
Finalizado el gobierno de Meriño le sustituyó como presidente de la República, respaldado por el Partido Azul.
Conocido popularmente como Lilís, Heureaux asumió por primera vez la máxima magistratura del Estado el 1 de septiembre de 1882 y abandonó el sillón presidencial dos años más tarde, con la llegada al Palacio Nacional del escritor Francisco Billini, a quien el mismo Heureaux y otros le hicieron imposible gobernar.
Declarado defensor del independentismo dominicano, Heureaux gobernó en armonía con los dictados constitucionales durante su primer mandato. Pero cuando accedió nuevamente a la presidencia, instauró un régimen personalista que liquidó los principios democráticos, favoreció la corrupción y dejó al país en bancarrota.
Para garantizar su continuismo, estableció un sistema electoral de votaciones indirectas que justificaban una y otra vez su reelección en el cargo, y así consiguió perpetuar su dictadura en cuatro periodos de gobierno consecutivos: entre 1887 y 1889, entre 1889 y 1893, entre 1893 y 1897 y entre 1897 y 1899.
Demostró una inusitada sagacidad como estadista para seleccionar entre la clase política a todos aquellos personajes que pudieran cumplir con eficacia los dictados de su administración. A su servicio se pusieron líderes del Partido Rojo, cabecillas del Partido Azul y seguidores de otras tendencias ideológicas que, formando parte del mismo bando, garantizaban la estabilidad del gobierno y la consolidación de su presidente en el cargo.
Logró fomentar enemistades entre sus propios compañeros de partido, y acabó con el liderazgo de Luperón para evitar que se organizara una fuerza política sólida con capacidad para limitar sus poderes. Sin oposición, derogó leyes, controló órganos legales y fortaleció el ejército para disuadir posibles levantamientos. Se ganó el apelativo de «pacificador de la patria», pero la estabilidad se sustentaba en métodos de coacción que contemplaban desde detenciones y destierros hasta asesinatos para quien se oponía a su gobierno.
Mantuvo una intensa actividad diplomática con las grandes potencias europeas y el creciente imperio estadounidense, y favoreció el desarrollo del capital extranjero en la isla para obtener, a cambio, concesiones y préstamos que nunca pagó y que, a su muerte, endeudaron al país durante décadas.
Cuando Heureaux asumió la cuarta presidencia de su dictadura el 27 de febrero de 1897, ya comenzaban a vislumbrase los primeros síntomas del final de su mandato. De su obsesión centralizadora y su incontestable autoridad continuaban emanando todas las decisiones que afectaban al país, pero los pilares de su régimen perdían solidez por culpa de la corrupción institucional y el alto grado de represión política.
Aplicó medidas de gobierno para ampliar el desarrollo agrícola y comercial, fomentó las vías de comunicación y reorganizó el ejército y la administración territorial del país, pero muchos de sus logros se pusieron al servicio del capital extranjero o del entorno creado alrededor de su propio sistema personalista. Un grupo conspirador, encabezado por Ramón Cáceres, Jacobo Lara y Horacio Vázquez, dispuesto a poner fin a la dictadura, asesinó a Heureaux en la ciudad de Moca el 26 de julio de 1889.