Por Luis Ramón López
MOCA.- La pérdida de los valores morales, familiares y éticos en nuestra sociedad, atribuidos a la transculturación y el bombardeo sistemático de la televición y otros medios son los patrones conductuales y de seguimiento de muchos de nuestros jóvenes que llevan a los centros educativos lo visual y los mensajes nocivos que adquieren de manera emocional, propio de su desarrollo, explica el empresario Ramón Santana Rodríguez.
Y agrega que cuando nuestra juventud no encuentra espacio para su desarrollo emocional, terapéutico psicológico y de consulta, se síntoniza con el medio o grupo social, que le rodea para su formación, máxime cuando viene de un hogar disgregado.
Apunta el empresario mocano, que los videos y exposiciones de jóvenes adolescentes en prácticas sexuales y hastas menores de diez y doce años se ven en nuestros barrios haciendo uso de esas prácticas por dinero, son fenómenos preocupantes y de alarmas para la sociedad en sentido general.
El presidente de la empresa Agrosaro distribuidora de los agroinsumos Fersan para el campo, señala al mostrar su alarma por los hechos presentados en un video que circula en la red y otro de niñas besándose, nos llaman con urgencia a todos los sectores de la vida nacional, a tomar acciones rápida y contundentes para el cambio de formación en nuestra maltratada sociedad.
Sostiene Santana Rodríguez, que para llevar a cabo este cambio de la sociedad, existe un camino que nos debe ayudar, y es la educación. Bien lo hizo el ministerio de Educación a través de su incumbente el licenciado Carlos Amarante Baret, que «son rechazados siempre esos comportamientos aislados que van en contra de la moral y las buenas costumbres y aseguró que su programa de formación en la educación dominicana está basado en los más profundos valores éticos, morales y familiares».
Pero necesitamos algo más, manifestó para decidir cambiar nuestra sociedad por el camino que va; modificando nuestros propios valores hacia una sociedad de respeto y mutua cooperación, además de la educación como base fundamental.
«No se puede cambiar sin cambiar nuestra forma de pensar”, sostuvo para agregar que al adolescentes en desarrollo, después de los diez años, se le tiene que estar monitoreando, vigilando permanentemente, tiende «a ser muy curioso e imitidador», y ahí es que entran a funcionar hogar-escuela-sociedad, como era antes que el profesor sabía cuando Juanito por ejemplo cambiaba su formar de ser por problemas en el hogar o con el amiguito.