
Por Victor M. Carriba
La Habana, 14 ago (PL) El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, reiteró hoy su reconocimiento a los países de América Latina y el Caribe como fuertes impulsores del restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
El jefe de la diplomacia estadounidense elogió esa postura al presidir la ceremonia de izamiento de la bandera de las barras y las estrellas en el edificio de la embajada de su país en La Habana.
Quiero agradecer sinceramente a los líderes de las Américas que desde hace mucho tiempo exhortan a Estados Unidos y Cuba a reanudar relaciones normales, dijo.
Esa gratitud fue manifestada el pasado 20 de julio en Washington ante el canciller cubano, Bruno Rodríguez, poco después de la instalación oficial de la sede diplomática cubana en esa capital.
«Deseo agradecer a nuestros amigos del continente que nos instaron muchas veces durante décadas para que normalizáramos (las relaciones con Cuba) y ahora han acogido con beneplácito nuestra decisión de hacerlo», apuntó en aquella oportunidad.
La presión latinoamericana y caribeña a favor de ese objetivo se hizo patente en 2005 dentro del mecanismo de las Cumbres de las Américas que sostuvo sus primeras seis reuniones presidenciales sin la participación cubana.
La demanda alcanzó también a la Organización de Estados Americanos (OEA) en 2009, cuando esa postura condujo al levantamiento de las sanciones impuestas a la isla caribeña a principios de la década de 1960.
El tema ocupó uno de los principales asuntos de la cumbre hemisférica de Trinidad y Tobago-2009, donde el propio presidente Barack Obama abogó por «un nuevo comienzo con Cuba» y apuntó la necesidad de «dar unos pasos decisivos hacia ese nuevo día».
«Podemos encaminar las relaciones entre Estados Unidos y Cuba en una nueva dirección», precisó entonces.
En ese momento los apremios a favor de Cuba habían obligado a la OEA a dejar sin efecto la vetusta resolución que en 1962 separó a la isla de esa organización, «reconociendo el interés compartido en la plena participación de todos los estados miembros».
Tres años más tarde y en la cumbre de Cartagena de Indias, Colombia, aumentaron los enérgicos pronunciamientos del área al igual que en la 43 Asamblea General de la OEA en junio de 2013.
El reclamo también se instaló en los foros de la Comunidad de Caribe, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).
Ese empeño regional fue coronado con la invitación cursada a Cuba para asistir a la cumbre continental en Panamá (abril 2015), con una delegación encabezada por el presidente, Raúl Castro, «sin condicionamientos y en un plano de igualdad soberana».
En la capital panameña se produjo el primer encuentro oficial entre los mandatarios cubano y estadounidense, que marcó un hito en el proceso para el restablecimiento de las relaciones bilaterales, anunciado cuatro meses antes por ambos gobernantes.
Con la formalización de esos lazos, Washington y La Habana deben avanzar ahora hacia la normalización total de sus vínculos, para lo cual tendrá que desparecer el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos contra Cuba desde hace más de medio siglo.
Y ese es ahora el próximo objetivo del accionar de la región latinoamericana y caribeña.