CINE: “La Gunguna” una película dominicana protagonizada por un mocano

Nashla Bogaert e Isaac Saviñon, en una escena de “La Gunguna”.

«LA GUNGUNA»,  probablemente la mejor película dominicana de estos tiempos

Por MARIO NÚÑEZ MUÑOZ

SANTO DOMINGO. La cinematografía dominicana evoluciona, con cada producción se avanza, a veces mucho, a veces poco, en el desarrollo de un cine que busca asentarse, tanto en el imaginario del espectador como en sus aspectos económicos.

Cada cierto tiempo surge un filme que logra algo más de lo habitual, es el caso de “La Gunguna”, que presenta un relato propiamente cinematográfico, distanciado de las influencias de la mala televisión.

Su estructura narrativa, sus personajes y su puesta en escena nos hablan en clave de cine y, enhorabuena, hacía falta.

La historia

Uno de los aspectos más interesantes es que está basada en un relato escrito y, este a su vez, en un capítulo de la historia dominicana, la visita oficial que Leónidas Trujillo hiciera a Francisco Franco. Según se narra, el dictador dominicano habría recibido de regalo una pistola calibre 22 que perteneciera a otra figura, Benito Mussolini, “Il Duce”. Cierta o no la anécdota, el caso es que sirvió de base para articular un relato complejo, dinámico y divertido en torno al bajo mundo local, en el cual se entrecruzan personajes de distinta laya.

Comedia dramática

Narrada en forma de comedia dramática, se nos cuenta cómo la pequeña arma va pasando de mano en mano; en cada etapa su valor aumenta. Apetecida por coleccionistas, es sin embargo, un objeto maldito que solo trae el infortunio a quienes la poseen.

Un sargento del Ejército, un prestamista, un obrero de la construcción, un par de truhanes y hasta una familia de orientales mafiosos se ven involucrados en hechos de sangre motivados por el deseo de poseerla.

La realización

Hay un buen diseño y trabajo de producción, los recursos son variados y las locaciones aportan certeramente al relato. Destacable es también el trabajo de construcción de personajes. Convincentes resultan las actuaciones en general, sobresaliendo las de Isaac Saviñón, en el rol de tíguere apostador, y la de Gerardo Mercedes como el obrero Montás, a quien la suerte no le sonríe. El primero pone la nota colorida y graciosa, el segundo el tono agrio y desencantado de una realidad social y política angustiante. Siendo una ópera prima, el resultado es sólido, Alemany maneja bien la escena y logra un relato de buen nivel.

La trama coral

Debemos decir también que a ratos la pista de la pistola de marras se pierde y que el montaje de temporalidades distintas puede confundir un tanto al espectador. Otro elemento a señalar es que siendo una película coral, en la cual intervienen muchos personajes, hace que queden en el olvido algunos interesantes, como el interpretado por Patricia Ascuaciati al comienzo del filme y que lamentablemente nunca más volvemos a ver.

Sumando y restando, el resultado es positivo y puede decirse que pasamos de hacer películas a hacer cine con identidad definida y eso es lo que verdaderamente importa.

Recomendable para quienes gustan del cine con acento local y para divertirse un rato a costa de nuestras propias realidades.

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