
Por Víctor Gómez
NEW YORK.-El 31 de Diciembre del pasado año fue designado por el presidente dominicano Danilo Medina, mediante decreto 387-13 un nuevo cónsul general en Nueva York, el mismo recayó en la persona de Luís Lithgow, quien durante más de 13 años está como se dice en el argot popular, «Guisando», desde la Misión de la República Dominicana ante la ONU como embajador encargado de negocios.
Pero sucede que quien figura como verdadero cónsul acreditado ante el Departamento de Estado de los Estados Unidos, es Román Octavio Jáquez, un testaferro que la comunidad dominicana, a la que el consulado se debe, no conoce ni ha visto ni en los centros espiritistas, lo que mueve a pensar que, «El Fantasma del Consulado» sigue rondando por sus fueros como ha sucedido en casi todos los departamentos y con sus empleados, muchos de los cuales solo van a jugar cartas en las computadoras.
Al parecer el mencionando departamento norteamericano se hace de la vista gorda con ese delicado problema, no solo para los dos «cónsules», acreditados o no, sino también para el país y el presidente Medina, que por lo visto, está haciendo como él lo proclama, «Lo que nunca se ha hecho», tener dos cónsules en un mismo consulado, cosa nunca vista en la historia consular de la República Dominicana.
El designado ministro de Relaciones Exteriores, arquitecto Andrés Navarro, debes tomar cartas en este asunto, antes que este bochornoso impase llegue más lejos y se desate un escándalo mayúsculo, ya que según informaciones obtenidas se perfila como nuevo cónsul a Eduardo Selman, el cual ya está siendo rechazado por algunos activistas comunitarios. De ser así, seguimos sin suerte ya que ese señor pasó por el consulado y su gestión fue indolente con la diáspora neoyorkina.
Otro «Fantasma» que permea la suite 410 del 1501 de Broadway, es el disgusto de algunos periodistas que no están en el listado de beneficiarios que semanal o mensualmente pasan a recoger su «mesada» como ya es costumbre en cada gestión de los diferentes cónsules que han ocupado ese «carguito», el cual tiene a muchos compañeritos a coger la de Villa diego, ya que todos trabajan en tiempos de campaña en busca de esa dependencia de la cancillería