

Por Luis Ramón López
MOCA.- Una ciudad que con el paso del tiempo crece y se moderniza, dejando atrás la crudeza de la pobreza que arropa a nuestros barrios y campos, que carecen de mejoras y calidad de vida.
Cruzar por la popular barriada «Salsipuede», enjambre de hombres y mujeres que utilizan cualquier medio de subsistencia para sobrevivir, el visitante se encontrará con personajes pintorescos, música a todo volumen , las bullas y los kioscos de ventas que abundan.
Al adentrarse al centro de la barriada que fondea una cañada, allí se vive apilado como el arroz y el café. Gentes vivas, que viven en medio de las aguas negras y malolientes que afectan la salud de niños y envejecientes.
Otro de la afrenta de los mocanos, lo contituye los barrios que bordean la ribera del otrora río Moca, convertido en una «cloaca de desperdicios humanos», que muere lentamente por falta de atenciones.
Esos barrios pobres de Moca, ubicados en los bordes del río que lleva su nombre, que son espejo de la pobreza, son Villa Bartola, Juan Lopito, El Bolsillo, La Española, Macotibio y otros que se han ido formando, alimentado por la inmigración de nuestros abandonados campos mocanos.
En estas barriadas los fines de semana, se vive de fiestas, desde el vienes hasta el domingo entrada la noche, que lo convierte en los sectores más bulliciosos de la ciudad y peligrosos por el abundante consumo de alcohol y narcóticos que se venden publicamente.
En un recorrido por los principales barrios de Moca, que incluyen Las Flores, Guaucí, Los Mangos, Guachupita, Quijada Quieta, Viejo Puerto Rico, Nuevo Puertico y la parte baja de la ciudad, la Villa del Viaducto es todo fiesta y bebentina, con el aumento de la prostitución.
Esta situación se incrementa en los campos cercanos a la ciudad, como la Ermita, Juan López, San Víctor, El Corozo, Las Lagunas, Zafarraya, El Higuerito, Monte de la Jagua, lo que ha cambiado la dinámica y vivencia en los campos mocanos.
Las zonas rurales cercanas al municipio de Moca y en su parte montañosa, la situación de pobreza extrema es alarmante y preocupante. Sus pobladores carecen de incentivos y de herramientas que les permitan vivir dignamente.
Carecen de centros de recreación, canchas deportivas, clubes, trasportes públicos, caminos vecinales y carreteras, centros de acopios, agua potable, en fin no tienen de nada, que les permitan cambiar su marginal vivir.
Da penas como los hombres de los campos, ven pasar el tiempo sin esperanza y oportunidades. Se ve un abandono y una miseria espantosa que desdice mucho del crecimiento económico que se anuncian en los medios.