La escritura política de Juan Bosch

Por Manuel Matos Moquete

SANTO DOMINGO. Juan Bosch es un escritor en cuyos textos se advierte, en cualquiera de los géneros que cultivó, un rasgo que lo distingue: no empleó las palabras con un fin lúdico en sí. No llenó sus obras de palabras vacías.

Cierto, fue un artista de la lengua, pero en sus textos, elaborados en un estilo culto sin rebuscamiento exagerado, se propuso como norte comunicar un espeso mensaje: una anécdota interesante y aleccionadora; un concepto fundamental en política, economía, sociología, etc.; y un caudal de experiencias e informaciones extraídas de la vida o de los diversos contextos culturales en que vivió, armado de una erudición sobria, producto de su prolongada actividad lectora.

Bosch buscaba comunicar no sólo palabras y significados, sino, sobre todo, acontecimientos, ideas, conocimientos. Por esa razón es tan importante el contexto en cada uno de sus textos. Los referentes culturales tienen un gran peso en sus obras, que no lucen abstractas, al quedarse sólo en la formación del concepto, ni superficiales, al negarse a brindar las informaciones que permitan profundizar y dar visos de dominio profundo del asunto que trata.

Hay mucha libertad en la escritura política de Juan Bosch, formal y conceptual, pero sobre todo referencial, es decir, en función de las situaciones del momento. Sus discursos son piezas que deben ser estudiadas no solo por la profundidad de las ideas sino también como arte de la palabra política libre.

En 1938 Bosch argumentó a favor de la reelección de Trujillo, quien reelegido en mayo de 1934, en mayo de 1938 era tiempo de renovar su mandato como Presidente de la República, no así como Jefe, función que no estaba en juego.

Entre el discurso de 1938 y los de 1961-1962 se produce un cambio radical en los discursos de Bosch, con ciertos elementos de referencias que les son comunes. Esos cambios se expresan en los contenidos, en el estilo y en una red de simbolismos que representan las grandes transformaciones en la cultura y la política que se produjeron a raíz de la muerte de Trujillo.

El primero de los simbolismos de la nueva época es la imagen de la modernidad, y en particular de un liderazgo moderno, en contraste con el caudillismo del dictador y de todos los dirigentes del aparato burocrático del Partido y del Gobierno de Trujillo.

Juan Bosch señala ese cambio, en uno de sus primeros discursos del 7 de noviembre de 1961. Él habla de: «Los dirigentes políticos modernos, de la hora actual»

Ese discurso compendia el conjunto de los nuevos elementos contextuales de la época de la libertad:

-Guerra contra toda prohibición.

-El escenario público y abierto: las plazas públicas.

-El pueblo, las masas.

-Acciones de celebración de mítines y actos públicos

-Los dirigentes modernos.

-La comunicación cara a cara con el pueblo.

En ese nuevo contexto el rol de Bosch ha cambiado. El arriba el país como máximo el líder del Partido Revolucionario Dominicano; pero también como gran intelectual reconocido en el extranjero, con crédito y capacidad de ser un interlocutor de primera en el nuevo escenario.

Ese es el nuevo escenario, el de la lucha por derribar el viejo orden y el de construir uno nuevo. Bosch sitúa el inicio de la modernidad política y cultural en República Dominicana, cuyo surgimiento no tuvo lugar a principios del siglo XX, sino en 1961: una nueva sociedad; mítines y actos públicos de las masas; un nuevo tipo de líder «los dirigentes políticos modernos» y una relación con el pueblo: mirarse la cara.

Ese simbolismo, que representa un aspecto importante del nuevo contexto, «hablarle al pueblo mirándole la cara» y el «pueblo mirándomela a mí», define lo esencial de la comunicación libre y democrática a partir de 1961.

Es una comunicación que renuncia al miedo y el odio heredados de la época anterior. Ese es un tema que se repite en los primeros discursos: cómo la dictadura sembró esos frutos en la conciencia de los dominicanos.

Juan Bosch habló siempre en un lenguaje de la tierra y de los campesinos: cosechas, frutos, cultivos. Lo hizo en sus cuentos y lo hizo en el discurso de enero de 1938.

Ese simbolismo de la siembra y de la cosecha, el de la tierra y de los campesinos es la marca del lenguaje y del universo cognitivo que sirve de puente entre el discurso de 1938 y los de 1961 en adelante. Marca la transición y la unidad del discurso de Juan Bosch.

Es, además, el simbolismo más genuino de Bosch aún en el contexto adverso de la dictadura. Es el simbolismo de sus cuentos y el de la novela La Mañosa. Es el simbolismo de los campesinos de La Vega y de Camino Real.

En 1961, el texto «Matar el miedo» reconstruye ese simbolismo, pero con otro contenido semántico y otro escenario. Durante la dictadura, Trujillo era el sembrador de educación, salud y riqueza; pero en 1961, luego de 30 años, ese sembrador lo que sembró fue odio y miedo.

Esa es la «fruta terrible» que Bosch ve, observa, que él encontró a su llegada al país luego de 23 años:

«Encuentro al llegar, y lo sabía por noticias que tenía en mi carta, un estado de agitación que no parece sino provenir, como la fruta terrible de esa situación prolongada, del miedo que ha estado padeciendo nuestro país, nuestro pueblo, y del odio que se ha sembrado en su corazón. Durante toda esa generación, se ha estado sistemáticamente inoculando el odio en el alma dominicana».

Ese es el balance de la Era de Trujillo, que debe ser superado en el nuevo orden de libertad. La libertad, palabra esencial, describe como ninguna otra imagen, el nuevo contexto.

Ese discurso del 7 de noviembre de 1961 es de una gran significación, pues es como la respuesta a la negación de libertad del discurso del 5 de enero de 1938. Bosch siente que su palabra se ha liberado y puede proclamarla por Tribuna Democrática.

Así lo afirma, describiéndose a sí mismo, describiendo su nueva situación, la de ser el portador de la palabra libre, conquistada en el nuevo contexto.

«Aquí está mi propio ejemplo: yo puedo hablarle hoy a mi pueblo a través de Tribuna Democrática, y eso no podía hacerlo el día 4 de julio, hace cuatro meses»

Bosch es sensible a ese hecho cuando afirma, en ese mismo discurso, el movimiento de los diversos sectores en pos de la libertad.

Dice en el discurso del 7 de noviembre de 1961: «Este pueblo salió ya a conquistar su libertad. Nada impedirá que la conquiste…». «El pueblo está en marcha, y el gobierno no puede de ninguna manera impedir que el pueblo llegue a su destino, al destino que se ha propuesto».

Obsérvese la imagen del pueblo en movimiento, expresándose, manifestándose libremente, en pos de la solución de los problemas que legó la dictadura, pero que en adelante le toca al pueblo resolver por sí mismo, por su propia lucha hasta alcanzar las metas de la democracia.

Esa es una idea de contraste que Bosch repite: el pueblo se liberó de los Trujillo, pero no de los problemas que ese régimen dejó al país: las consecuencias de la explotación, el engaño y la miseria siguen vigentes. Esa idea reaparece en un discurso del 20 de noviembre de 1961:

Para quienes en aquellos momentos -y aún en éstos- creían en el engaño de la tiranía, que hizo creer que República Dominicana era una sociedad que había logrado el progreso, uno de los tópicos proclamados por la oratoria trujillista, Bosch se encargaba de desmitificar el pasado ante los ojos del pueblo, mostrando el atraso en el que el país vivió durante 30 años.

En el discurso del 30 de octubre de 1962, pronunciado cuando fue proclamado candidato del PRD a la Presidencia de la República, él afirmaba que ante todos los avances alcanzados en el mundo en los años en que Trujillo gobernaba, a los dominicanos nos tocó «quedarnos retrasados» y estar «viviendo en un tiempo histórico atrasado».

La visión crítica de Bosch a partir de 1961 era uno de los aspectos más novedosos de sus discursos. Él había vivido en contacto con otras realidades en donde había avances en todos los órdenes: en la economía, en la política, en la cultura, en el proceso democrático. Por eso, sus discursos tuvieron dos efectos: estaban llenos de sabiduría y de enseñanza, pero a la vez eran provocadores, retadores, libres.

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