MOCA.-El simple hecho de mencionar su nombre, conduce a pensar
un personaje de leyenda fabulosa que al frente de su negocio
«El Arca de Noé» dado su característico estilo personal es
recordable de cosas recurrentes en tertulias entre varias
generaciones mocanas.
Pero, don Eduardo, al margen de lo precedido, tenía una
connotación en otras vertientes.
Espigado, con una naturaleza corporal y gimnasta en forma.
que no vacilaba encresparse en argollas colgantes en el
pasillo central de su hogar-negocio, localizado en la calle
Salcedo con la esquina de la actual Tunty Caceres.
Con acumulada experiencia física (ejecutada a diario) le
causaba asombro a los guardianes estando preso a raíz
de su apresamiento luego de lo acontecido el 30 de mayo
del 1961.
Al sacarlo al patio de la cárcel, esposado en las manos
detrás, se las colocaba delante, sin los militares entender
cómo lo lograba dado su avanzada edad. Revelación de
parte de Luís Pedro «Gumarra» Taveras Liz, que era su
compañero de prisión.
Otra faceta no muy conocida, era su labor de sembrar en
el patio de su casa, diversos árboles frutales y medicinales
que trajo desde Cuba, posibilitándole elaborar productos
de remedio casero y con ello, adelantarse a la hoy llamada
industria de la salud orgánica.
Asimismo dedicarse a recoger muestras de minerales del
país de colección que mi amigo-hermano Ernesto de la
Maza admiró cuando le visitaba Hablando de Ernesto,
cuyo padre Mario desapareciera a la eternidad en la
madrugada del 31/mayo/1961, le sigue embargando el
dolor de no poder llevarle siquiera una flor a lo que pudo
haber sido la tumba de su progenitor, que sigue amando
tanto…!Me consta!
Enlazado don Eduardo con su pareja Amalia Vásquez,
provinieron sus únicos tres hijos: Antonio, Bienvenido y
Ramón.
El primero de ellos (prestante abogado e importante
activista, respaldado por sus otros hermanos en la gesta
del 30/mayo/1961), casado con doña Rosa Michel, no le
traté de cerca, aunque visitara el hogar y sí entablar una
amistad afectuosa con sus hijos Eduardo y Carlos Antonio;
las hermanas de estos: Rosa Amalia y Mayra no las he
vuelto a ver jamás.
A Carlos Antonio le recuerdo con el pesar de su cuadro
hemofílico y de un ser altamente inteligente, como su
propio hermano Eduardo, recientemente elegido como
Presidente de la Asociación de Residentes de Mocanos
en Santo Domingo.
Bolivar Garcia (nieto de don Eduardo), condiscípulo mio
en el liceo secundario en 1961, compartí en un anexo
de la residencia en varias noches sometido bajo un
intenso estudio y al levantarnos en la mañana, su abuelo
nos decía: «Espero que pasen éxamen».
Definitivamente, don Eduardo y su descendecia familiar
es muestra de aportación valiosa en la historia política y
cultural de Moca…!Y del país también!